LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.




LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA
2014

lunes, 17 de marzo de 2025

EL GATO NEGRO

 

BODEGA EL GATO NEGRO

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 


 

1

Mundito, cronista fotográfico de Las Mercedes del Llano, me ha enviado unas imágenes, donde aparece la bodega “El gato negro”. Esa foto me ha traído muchos recuerdos. Ha pasado más de medio siglo, sin embargo, la fachada de la estructura se conserva heroicamente, tal cual la vieron nuestros ojos infantiles: pequeña, con dos puertas de madera y techo de cinc en dos aguas. Un tubo corto de hierro la flanquea diagonalmente, porque las esquinas y los cruces de calles son sitios preferidos de los azares de las embestidas automovilísticas.

2

Desapareció la pintura frontal con un enorme gato negro, símbolo de supersticiones ancestrales, y talismán invocado por el amo, don Juan Ramón, para la prosperidad de su negocio, seguramente.

Desapareció también un poste alto metálico, de cuyo extremo superior colgaba una publicidad de cafenol, tabletas a las que recurría nuestra madre cuando su dolor de cabeza crónico se hacía insoportable.

3

Cerca de nuestra casa había varias bodegas. La más cercana era El gato negro. Allí se vendía de todo un poco: granos, azúcar, mortadela muy gruesa con grandes círculos de grasa, pan francés  y también relleno (pan de pavo), caramelos que guardaban unos frascos bocones, enlatados como sardinas y hasta leña y kerosene. El kerosene era el combustible mágico: servía para la cocina de mecha y también para la nevera de los refrescos.

Carlos le dedicó una estrofa a este establecimiento:

El tiempo pasó pero dejó sus huellas

y fija la mirada en una esquina

bodega el “Gato Negro”; por ejemplo

para poder comprar medio de queso

el despacho lo hacía don Juan Sivira

4

Siempre hacía los mandados (así se llamaban las compras que realizábamos los niños “por mandato” de nuestras madres) en el Gato negro, por la lógica que imponía la cercanía. Pero un día, el señor Machuca, cuya bodega se ubicaba una cuadra más arriba a la de Juan Ramón,  diseñó un modelo para captar más compradores, sobre todo en el segmento conformado por niños. Se trataba de “las graneras”. Por cada compra que hacíamos, nos  depositaban un grano de maíz o caraota en un envase de compota, etiquetado con nuestro nombre. Cada grano era un centavo. Con el tiempo se sacaba la granera y recibíamos nuestros ahorros por ser fieles compradores de esa bodega. Entonces, nuestras manos se llenaban de chucherías.

5

Desde que aparecieron las graneras en el negocio del señor Machuca, más nunca fui al Gato negro, al cual le pasaba por un lado, pero desde la acera de enfrente, para que no me viera don Juan Ramón. ¡Ingenuidad de mi cerebro infantil!

6

Un día se presentó don Juan Ramón, a nuestra casa y le dijo a mi padre: Alfonso, Lalito no me compra nada a mí que tengo la bodega cerquita, prefiere ir a otras bodegas que están más lejos.

7

Tomé una decisión salomónica: una vez iría a lo de Juan Ramón, y otra vez, a lo de Machuca. Así calmaría los ánimos de los adultos , y conservaría mis incipientes  transacciones mercantiles ...

(Fotografía: Edmundo Malaspina)

 

 

 

 

 

 

 

 

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