LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.

PADRINO DE LA 1RA. PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

PADRINO DE LA 1RA. PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.
ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001
DERMATÓLOGOS.2001

PLACA DE RECONOCIMIENTO

PLACA DE RECONOCIMIENTO
X PROMOCIÓN DE MEDICOS.UNERG.2010

HUESPED DISTINGUIDO.

HUESPED DISTINGUIDO.
ORTIZ.2008




XXIX CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS OFICIALES DE VENEZUELA

XXIX  CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS OFICIALES DE VENEZUELA
MATURÍN.2011

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001
MATURIN.2011.

sábado, 31 de diciembre de 2016

NAVIDAD Y AÑO NUEVO EN LAS MERCEDES DEL LLANO

NAVIDAD Y AÑO NUEVO EN LAS MERCEDES DEL LLANO

Edgardo Malaspina




1

           Los recuerdos más lejanos sobre las celebraciones decembrinas mercedenses (1920-1930) los encontramos en los escritos de Concha Rachadell (1902-1900), la primera maestra del pueblo. Rachadell describe algunas fiestas de gala al aire libre (en “casas hospitalarias”) por motivos navideños en “noches de perfumes y de música y de luna”, con bellas damas, luciendo rosas en sus hombros; y caballeros gallardos y galantes que se paseaban  en un patio florecido de jazmines. Los presentes eran “jóvenes, enamorados, platónicos de ilusiones y de esperanzas”, entregados al placer y que brindaban con “vinos añejos en finos cristales”. En estas veladas  reinaba el orden, la cordialidad y la alegría; y se recitaban poesías, entre canciones y bailes. La maestra le dedica unos versos a una Noche Buena: Las campanas anuncian ¡ha nacido el Mesías / y en esta noche plácida y serena/ sólo mi pobre alma no siente alegrías/ porque tú estás tan lejos en esta noche buena!
Concha habla de  una reunión un  31 de diciembre, iluminada “por una hermosa luna llena… que enviaba su luz, como una bendición  del cielo sobre los tristes moradores de la tierra”; y continúa: “El ambiente era suave y embalsamado y el cielo esmaltado de bellísimas estrellas estaba teñido de un azul purísimo”. El año nuevo lo recibieron apurando “en finas copas, los más finos licores”. Al siguiente día la reunión festiva continuaba bajo un amanecer “claro y bello, magnífico, esplendido”; y los mercedenses pensaban “al aparecer un año nuevo:¿qué nos traerá?...¿la felicidad o la desgracia, la realización del bello ideal o la muerte de todas las esperanzas?

2
Para muchas generaciones de mercedenses  la navidad  se asocia  a las arepitas dulces de Mamila. No hay mercedense que no conozca aunque sea por referencia   a Mamila en una esquina de la plaza Bolívar. Sus bocadillos resumidos en una arepa portadora de la mejor culinaria oriental los devorábamos cual manjar de dioses en los preludios friolentos de los amaneceres mercedenses con misas de aguinaldo.
3
Por un tiempo las misas de madrugada fueron suspendidas por el párroco. Varias fueron las razones: alguien lanzó un cohete  horizontalmente entre los feligreses y algunos resultaron heridos. Además,  Remigio cantó la versión completa de la gaita de Joselo, de moda a la sazón, en pleno servicio religioso; y cada vez que el cura le pedía silencio, Remigio respondía con voz etílicamente distorsionada, mientras su cuerpo se tambaleaba: ¡no somos nada! (En alusión a uno de los chistes más pegajosos de la gaita de marras).
4
Varios personajes quedaron en mi memoria asociados a la navidad. El maestro de albañilería Francisco Carrillo era hombre de palabras y acciones curiosas. Decía no asistir a los entierros  por motivos de reciprocidad: estaba convencido de que los difuntos amigos no asistirían tampoco a su  funeral. También solía contar que dormía con sus lentes puestos para no perderse ningún detalle en caso de que Morfeo lo gratificara con algún pasaje onírico  eróticamente interesante. El maestro Francisco repartía en diciembre sus tarjetas de presentación con un mensaje reconfortante, propio del espíritu navideño. También se montaba sobre el único tanque que distribuía el agua al pueblo y colocaba un arbolito, cuyas luces llegaban a todos los confines de la ciudad para regocijo de niños y adultos.
5

“Carita”  , una especie de fotógrafo ambulante, con su  figura  delgada  cargaba terciado al hombre su instrumento de trabajo; y el 31 de diciembre, no sé si motu proprio o por indicación de las autoridades, atestaba de pólvora un pequeño cañón en la plaza Bolívar, al cual aplicaba fuego en el preciso momento cuando un año daba paso a otro. Los mercedenses esperaban el retumbar del cañón de Carita para abrazarse y darse el feliz año.

sábado, 12 de noviembre de 2016

DON FÉLIX VARGAS, EL ALGEBRISTA

CRÓNICAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO

DON FÉLIX VARGAS, EL ALGEBRISTA

Edgardo Malaspina

En  1777 Lorenzo Campins y Ballester, fundador de los estudios médicos en Venezuela y creador del Protomedicato (institución que controlaba todo lo referente a la salud en la época colonial) hizo una especie de censo para evaluar a los que ejercían la medicina  y constató que había médicos graduados (físicos), herbolarios, parteros, ensalmadores, boticarios, especieros y cirujanos. Estos últimos tenían su propia clasificación: latinos (estudiaban en latín), romancistas (estudiaban en castellano, una de las lenguas romances), flebotomistas o barberos sangradores (la sangría era un método muy usado) y algebristas. El término para definir a este último profesional proviene del árabe (álgebra: reducción, cotejo) y sirve para designar a ciertos matemáticos, pero también a los que curaban huesos dislocados, porque en ambos casos al encontrar la incógnita las cosas quedan en su lugar. 


Sirvan estos prolegómenos para referirme a don Félix Vargas, recientemente fallecido y quien por mucho tiempo se dedicó en Las Mercedes del Llano al arte de “sacar falseaduras (luxaciones) y torceduras de huesos”, labor que lo convierte en un digno y  legítimo descendiente de los algebristas del periodo colonial. Muchos mercedenses con algún trauma óseo fuimos auxiliados en más de una ocasión por las hábiles manos de don Félix Vargas, quien podía precisar cuando la solución estaba es su arte o en las de un traumatólogo: diferenciaba, “quebraduras”, fisuras o “falseaduras”.  Con su actitud honesta y siempre presta para ayudar al necesitado de su oficio cumplía con el consejo de la Organización Mundial de la Salud de recurrir a los  empíricos, en ausencia de los profesionales correspondientes,  que cumplan con el mandato hipocrático  de   “primum non nocere” (lo primero es no hacer daño).
Don Félix nació (20 de enero de 1930) en San Sebastián de los Reyes, ciudad históricamente  fundamental para el desarrollo de los llanos y de donde provienen muchos pobladores de Las Mercedes.   De su padre, don Roque Jacinto Vargas, heredó el aspecto físico y el arte de sanar huesos; mientras que de su madre, doña Daria Reyes, le viene el carácter bondadoso y la predisposición de hacer el bien al prójimo. 

Llegó al pueblo en 1953 tras las buenas nuevas del espejismo petrolero. Allí trabajará, tendrá varias esposas y procreará 17 hijos. Además de algebrista fue “toero” con un diapasón de ocupaciones que iban desde la albañilería hasta el comercio al frente de mostradores de bodegas y bares. Fue muy famoso su negocio “Flor de patria”, pero más aún el bar con ese mismo nombre, siempre concurrido porque vendía la cerveza a real y medio (75 centavos) cuando todos los otros expendios la tenían  a un bolívar, precio poco atractivo para los bolsillos estudiantiles.

Don Félix consideraba que su  arte de sobador era un don de Dios y lo ejercía a la manera de los periodeutas griegos: iba a la casa del necesitado sin más aperos que sus diestras manos, el palo de arco, la morrona y sus oraciones.




sábado, 29 de octubre de 2016

CUARENTA AÑOS DE LA PRIMERA PROMOCIÓN DE BACHILLERES DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

La Antena.29.10.2016


CUARENTA AÑOS DE LA PRIMERA PROMOCIÓN DE BACHILLERES DE LAS MERCEDES DEL LLANO.



CUARENTA AÑOS DE LA PRIMERA PROMOCIÓN DE BACHILLERES DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

Edgardo Malaspina

 En 1976 egresó la primera promoción de bachilleres de Las Mercedes del Llano. Se cerraba un ciclo en materia educativa local que se había iniciado en la tercera década  del siglo XX con la creación  de la primera institución escolar. En efecto, la primera escuela del pueblo empezó a regentarse en 1927; pero la preocupación de los mercedenses por la formación de las generaciones futuras se hizo sentir desde mucho antes. En 1925 un grupo de personalidades solicitó ante la Junta Comunal de Chaguaramas  la creación de una Escuela Federal Mixta. Luego en 1926  la gente de Las Mercedes manifestó ante el Presidente del Estado Guárico, coronel Alfredo Rodríguez, su inquietud sobre la enseñanza pública con la petición de designar a Antonio Marchena como director de una Escuela Federal y , además, sugirió la construcción de una escuela nocturna “para facilitar a numerosos niños que están en servicio doméstico, la instrucción”. Nuevamente en 1928 se planteó ante las autoridades competentes lo referente a la escuela nocturna. En 1940 la Junta Comunal de Las Mercedes solicitó ante el Presidente del Estado Guárico la creación de una Escuela Graduada “ya que niños que han estudiado suficiente continúan en el mismo grado primero”. Así nació el sexto grado de primaria. La Escuela para  Hembras Carlos del Pozo se fusionó con la Escuela de Varones en 1954 para dar paso al Grupo Escolar Monseñor Rodríguez  Álvarez. En 1959 se inauguró la Escuela Rafael Paredes. En 1968 fue fundada la Escuela Técnica Industrial. Funcionó como Ciclo Básico Común hasta 1974, cuando fue elevado a Ciclo Combinado con el nombre de Pedro Itriago Chacín.
Los primeros bachilleres fuimos muy afortunados de tener excelentes  profesores, verdaderos maestros de la academia y la pedagogía. Sus clases y mística para la enseñanza fueron fuente de inspiración que apuntaló nuestro amor y curiosidad por el conocimiento y los libros. Por razones obvias mencionamos sólo algunos: Heleno Toledo, José Manuel Célis, Martín Aponte, Víctor Díaz, Eney Lito Silveira, Efraín Bolívar y Teresa Navarro.

 El 30 de octubre de 1976 las familias mercedenses celebraban con baile de gala en el Club de Leones la primera promoción de bachilleres, fraguada en las paredes de un liceo local. Atrás quedaban los tiempos cuando los jóvenes del pueblo abandonaban sus hogares , con rumbo hacia otras ciudades para continuar sus estudios.  
La primera promoción de bachilleres , mención Ciencias, llevó por nombre Elizabeth Manfredi, primera directora del instituto; y la integraban:  César Maita, Fredy Malavé, Elizabeth Coronado, Rosa Fernández, Mireya Fernández, Frank Guevara, Garci González, Betty Morales, Elida Prado, Teodoro Lara(+), Vicente Lara, Garda Pérez, Nelson Ramirez, Frank Amatima, Lorenzo Yeguez(+), Oneida Malavé, Rodolfo Camaripano, Rogelio Brito, Durman Rojas, Asde Velásquez, César González, Laly Belisario, Emigdio Soublette, Argentina Torres, Maira Urquía, Mílvida Rodríguez, Luis Sojo, Andrés Crespo, José Gregorio Malaspina, Ismar Peña, Mercedes Ledezma, Maíta Ledezma,  Cecilio Villarroel, Onersa Bastidas, Edgar Camaripano. Hugo Célis, Plácido Fernández, Sorayda Gamardo, Belén Ledezma, Dahel  Ochoa, Arístides Pérez  y quien estas líneas escribe.


domingo, 19 de junio de 2016

EL POETA FELIPE RODRÍGUEZ

EL POETA  Y PINTOR FELIPE RODRIGUEZ O LA EPILESIA COMO UNA OPORTUNIDAD PARA EL ARTE



Edgardo Malaspina
 Conocí a Felipe Rodriguez hace muchos a atrás en las calles de San Juan. Yo estudiaba en el Liceo Juan Germán Roscio y Felipe me comunicó que estaba  en campaña para que nuestra  capital adquiriera la jerarquía de ciudad universitaria. Vestido de campesino, cargado de libros hasta más no poder, pronunciaba una retahíla de versos a favor de la creación de una casa de estudios universitarios genuinamente sanjuanera. Desde entonces cada vez que lo veo no puedo evitar asociarlo al alma mater galleguiana.
 Felipe , nacido en Las Mercedes del Llano, es un artista a tiempo completo. Su radio de acción es amplio: es cronista cada vez que reseña la vida de algún personaje regional o nacional; es poeta con muchos libros publicados; es un gran recitador de versos propios y ajenos y su presencia en los actos culturales es garantía de que la velada estará animada con su muy fino humor pueblerino; y es  catalogado por los entendidos en la materia como uno de los pintores ingenuos más destacados del país. Pero además es un gran contertulio, de esos que emiten su opinión sobre cualquier tema del acontecer nacional sin pensarlo dos veces, porque su alma pura no da para recelos, malicias y cálculos : él es su palabra.
Felipe me entrega un poemario inédito. Lo leo y lo releo. Trata de muchos personajes: poetas, escritores , historiadores y médicos. Allí están Pedro Berroeta, Armas Chitty, Argenis Rodriguez y el sabio Torrealba. Por sólo nombrar algunos. Pero estos versos de Felipe no se pueden leer sin hablar de algunos aspectos médicos asociados a su persona. Su poesía no se puede ubicar en el contexto de las clasificaciones aceptadas para analizar los textos líricos en general.Tomemos como ejemplo las siguientes estrofas:

Por José Francisco Torrealba
descubierto lo es inmortal
le produce el mal de chagas
el chipo fatal animal.
él es científico bolivariano
de Santa María de Ipire
escritor sabio venezolano
del Guárico  al mundo vive.

Toda la obra poética de Felipe está enmarcada en ese estilo. Allí no sobra nada, pero tampoco falta. Esa es su manera de ver el mundo. Aceptarla tal cual es  la mejor forma de entender su  alma, su corazón y su cerebro. Felipe ve las cosas así. Su mundivisión peculiar es producto de su condición  de paciente epiléptico. Condición que no merma en nada sus facultades intelectuales. Muy por el contrario, las refuerza. Recordemos a hombres epilépticos que dejaron honda huella en la Historia: Sócrates (muy citado por Felipe, por cierto. ¿Por qué será?) , el más humano de los hombres, trazó los límites de nuestros actos con sus preceptos éticos. Alejandro Magno no tiene parangón en el ámbito militar. César marcó a todos los gobernantes del mundo. San Pablo difundió la obra de Cristo sin detenerse ante los obstáculos. Juana de Arco le dio valor a todo un pueblo. Moliere revolucionó el teatro. Napoleón cambió el mapa de Europa. Byron deslumbró con sus versos. Helmholtz , físico y médico, inventó instrumentos, como el oftalmoscopio, que iluminaron el camino a seguir en la medicina apoyándose en aparatos para buscar la enfermedad. Flaubert nos dejó una novelística inmortal. Dostoyevski esperaba un ataque epiléptico para inspirarse y escribir sus novelas e indagar en la psicología humana. Van Gogh pintaba mejor en pleno trance epiléptico, igual que nuestro Reverón. Pedro I  trazaba sus planes para engrandecer a Rusia entre ataques epilépticos. José Antonio Páez también era epiléptico y eso no le impidió ganar batallas, ser presidente de Venezuela, escribir su autobiografía, aprender idiomas, pintar,  tocar el piano, componer música y cantar.
La obra poética   de Felipe Rodriguez exige que se le analice sin superficialidades  porque ella está en el límite de la literatura y la medicina, una frontera demasiado amplia  y   complicada  pero  muy atractiva para ser investigada.


sábado, 11 de junio de 2016

DOÑA YOLE

CRÓNICAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO
DOÑA YOLE Y LA PRIMERA LIBRERÍA DEL PUEBLO
 Edgardo Malaspina
 
 Andrea Paladio , el célebre arquitecto italiano del Renacimiento, desarrolló su actividad Construyendo  hermosos templos y palacios en su ciudad natal, Vicenza; hecho cultural por el cual  la UNESCO la  declaró Patrimonio de la Humanidad. Precisamente en Vicenza nació una mercedense  que todos recordamos con cariño:  Yole Cogno Poletto (24.11.1912-3.03.2000). Juan Bosco, un santo famoso por defender a los niños desvalidos y fundador de una congregación religiosa, hizo sus estudios en Chieri, una ciudad que apareció desde la propia  prehistoria. 

En Chieri nació  Vincenzo Molino Grandi ( 3.11.1915-1988), esposo de Yole. Doña Yole, como todos la llamábamos, y  Vincenzo emigraron  a  Lausana  (Suiza) en 1946. Los países participantes en la segunda guerra mundial estaban devastados y su gente marchaba a otros lugares en busca de paz y trabajo. Ella, contadora de profesión; él, albañil, se mantienen en tierras suizas hasta 1949, cuando llegan a Venezuela por la Guaira. Caracas y Puerto La Cruz son destinos efímeros; Las Mercedes del Llano es un escenario más atractivo por lo del petróleo. Llegaron al pueblo en 1950;  y en 1963 Doña Yole  abre una librería , la cual llevaba su propio nombre. Estaba ubicada al suroeste de la  Plaza Bolívar, en el sitio que una vez ocupó la primera casa mercedense de tejas, denominada “Casa Marquera”.

Desde los  doce años yo solía visitar ese recinto de libros, papeles y lápices. Dos viejitos atendían amablemente a la clientela. Varias veces noté como un texto deteriorado, por arte y magia de la encuadernación, se convertía en una obra nueva. Una vez pregunté por un tomo preciosamente empastado. Tenía unos jinetes en la portada. “Es un libro de aventuras. Muy bueno. Te encantará. Vale cinco”, dijo  Doña Yole, y me lo dio para hojearlo. Por varias veces  me acerqué a  la tienda para observar el libro en el estante. Aún no reunía el dinero. Un día Doña Yole me dijo: sé que vienes por el libro, ¿cuánto tienes? Tres, contesté tímidamente. Llévatelo, fue la respuesta. Desde entonces colecciono ejemplares de El Quijote.

Con el tiempo, Doña Yole se convirtió en mi paciente. Luego  de la consulta disfrutaba de su conversación y de su reconfortante café con grappa. Me hablaba de la importancia de la disciplina para triunfar en el trabajo y de la fuerza espiritual que proporciona el hogar para vencer las dificultades. En el frente de su casa estaba escrito como lema esa convicción de la vida: “La mia casa puó sostitoire il mondo, pero il mondo non puó sostituire la mia casa.”
Doña Yole profesaba la certeza mediterránea  sobre las dietas y el ejercicio físico para conservar la salud, con una pizca de suspicacia hacia la medicina. Reiteradamente me hizo el siguiente relato: un hombre vivía y trabajaba  en el campo, y cada vez que sentía un malestar se dirigía al pueblo más cercano, situado a varios kilómetros de distancia. El largo viaje en busca del médico lo hacía a pie; pero el galeno nunca estaba y entonces el pobre campesino regresaba a su casa sin receta ni medicamentos. Como no había trabajado no tenía mucho que comer. La situación se repetía cada vez que el hombre creía amenazada su salud. El labrador murió en la profunda vejez. En conclusión: nunca lo vio un médico, hizo ejercicios y  comió poco; pero vivió bastante.

Tal vez la observancia del antiguo precepto higienista  grecorromano hizo que Doña Yole llegara casi a los noventa con memoria lúcida y parlamento ingenioso.

domingo, 31 de enero de 2016

EL MOCHO CELESTINO LEDEZMA

EL MOCHO CELESTINO LEDEZMA



    El  Mocho Celestino Ledezma gozaba de una formidable salud a pesar de su pasión por el vino y el cigarrillo.   Era uno de esos raros ejemplares del Síndrome de Churchill  (Buena salud a pesar de los  vicios  )  que de no ser por  alguna circunstancia fortuita  suelen llegar sin dificultad a las cercanías de la  centuria de vida.
       
       Celestino nació en Las Mercedes del Llano el 23 de diciembre de 1933 en una de las primeras casas del pueblo denominada “Lontananza”. Su inquietud infantil rayaba el hiperkinetismo y eso lo llevó a perder una de las extremidades superiores.

 Pero su inquietud intelectual fue superior a la física y pronto se convirtió en un lector que devoraba libros tras libros. Con su insaciable sed de conocimientos y su infatigable curiosidad llegó a saberlo todo por lo que se hizo un muchacho incómodo para sus maestros y pronto quedó excluido del sistema   : una prueba más del Principio de Peter.  Así nació el autodidacta que llegó a ufanarse de haberle recomendada libros al propio Argenis Rodríguez.

    Prefirió las obras de historia, filosofía y política. Estudió la Revolución Francesa, la Comuna de París y la Revolución Bolchevique. Admiraba a Rousseau, Mirabeau y a Robespierre  .  Se identificaba con el  espíritu aventurero de Miranda , sobre quien  escribió un ensayo  con el cual ganó un certamen literario .

Fue epicúreo, pragmático y un revolucionario a carta cabal  amante de una cultura denominada por él “etílica”. Decía como Aristófanes que las copas servían para refrescar el ingenio y pronunciar  algo inteligente. Libaba sólo cervezas, a  las que llamaba “voladoras”. Afirmaba que quien   no bebe ni fuma, tiene la ventaja de morirse sano; pero igual se muere.

   Consideraba el vuelo de Yuri Gagarin uno de los momentos más estelares de la humanidad y hablaba de ese acontecimiento como si hubiese sido testigo presencial. En música reconocía sólo la clásica. Amaba la novena sinfonía de Beethoven y Carmina Burana de Orff. La empatía del Mocho con  este último canto se explica porque el mismo es reconocido como una crítica a las estructuras sociales, las costumbres tradicionales y una alabanza a la vida de los vagabundos. Y Celestino era un  irreverente,  un libertario y  un errante que hizo suyas las palabras de Don Simón Rodríguez : “Yo no quiero parecerme a los árboles que echan raíces en un lugar, sino al viento, al agua, al sol, a todo lo que marcha sin cesar”.

  Rafael Caldera alguna vez lo consideró su vocero, y Caupolicán Ovalles  dijo que valía la pena escribir su biografía porque era un contestatario de ideas brillantes.

Edgardo Malaspina


sábado, 23 de enero de 2016

DON MARIO PARRA


DON MARIO PARRA
Edgardo Malaspina
Sus composiciones han triunfado  más allá de nuestras fronteras. Sus grandes y contundentes  logros en el difícil arte de la música contrastan enormemente  con su sencillez y humildad. Se trata de Don Mario Parra, excelso poeta del llano, y quien según Miguel Pérez, el enigmático bardo de San Carlos, “es un fuera de serie a la hora de musicalizar versos”.

 En el inicio de su carrera artística le atrajo  el teatro, por lo tanto  Antón  Chejov y José Ignacio Cabrujas no le son ajenos con sus “Canto del Cisne” y el Baile detrás del espejo”. Pero su verdadera vocación  pertenecía al mundo de Orfeo.

En 1977  Mario irrumpe en la palestra de los ritmos y el canto. Frecuenta, en San Juan de los Morros, a un grupo de músicos consagrados. La grabación del próximo LP de Eneas Perdomo es el motivo de las reuniones. Asisten, entre otros, Braulio Palma, Carlos Parra, Octavio Seijas y el Indio Tenepe. Falta una pieza para completar el disco del cantor de Fiesta en Elorza; y Mario está escribiendo inspirado en una mujer bella de “grandes ojos, hermosos y negros”. Tímidamente propone sus estrofas, las cuales son aceptadas con reserva en calidad de “relleno”. El éxito fue total y el público catalogó el pasaje “Ojos Negros”  como la mejor canción del LP.

En lo más íntimo de su ser, Mario dedicó su primer triunfo lírico a su madre, Doña María Apolonia Tovar de Parra, quien se había marchado para siempre en 1956 . Desde Cabruta guió sus pasos por los senderos de la cultura .

 Mario hizo suyo el verso de Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.  Por eso ningún rincón de Venezuela le es ajeno .Por eso una simple frase lanzada por su hermano David, cruzando el Orinoco, pudo servirle de motivo para componer “Romance de e paso e Caicara”, cantada por el Pico de Oro José Alí Nieves. Una pasión  en Caracas se convierte en “Lucerito compañero”. El recuerdo de “Ojos Negros” se transmuta en “Aquellos ojitos tristes”. Un amor ingrato que afecta  “un corazón noble y sincero” y que sólo se supera con gran fuerza de voluntad no es más que “Un recuerdo que te dejé”.

Las mejores voces  de la canta criolla han interpretado las letras o arreglos de Mario Parra: Eneas Perdomo, Ángel Ávila, Salvador Gonzalez, El Cubiro, José Alí Nieves, Simón Diáz, José Catire Carpio, Freddy López, El Pollo de Orichuna, Nelson Morales, Oswaldo Rey, Juan del Campo, Teo Galíndez, Braulio Palma; y agrupaciones como Un solo Pueblo y Los Corraleros de Majagual.


En el patio de su casa, allá en Las Mercedes del Llano, bajo la sombra de los árboles y entre cantos de aves, Mario Parra sigue la musa del pentagrama  y  fragua   versos elegantes dedicados a los paisajes naturales , a los sentimientos, a las pasiones humanas, y en fin, a la vida con todos sus altibajos, para deleite de Venezuela y orgullo de Guárico.

viernes, 1 de enero de 2016

CINCO PA LAS DOCE” O DE CÓMO CONOCÍ AL AUTOR DE ESA CANCIÓN


CINCO PA LAS DOCE” O DE CÓMO CONOCÍ AL AUTOR DE ESA CANCIÓN

Luego de una velada cultural en Calabozo nos reunimos a la vera de unos mangos para escapar del inclemente sol. Por allá, un poeta recitaba sus versos; en otro lado, un arpa sonaba; y más acá, una guitarra se oía.

Luis Alberto Sandoval, cantante de Valencia, con gran inspiración cantaba “La noche de tu partida”. Al finalizar, alguien preguntó quién era el autor de esa canción. Las respuestas fueron muchas. Uno contestó que era de un mexicano; otro, que de un peruano; y mientras se divagaba en las respuestas, el propio autor, Oswaldo Oropeza, sentado entre nosotros, escuchaba sin inmutarse y con humildad.
OSWALDO OROPEZA, el autor de CINCO PA LAS DOCE y muchos otros éxitos musicales se echó un trago de whisky, nos habló de sus canciones y las entonó para nosotros, un pequeño círculo de personas, lo que se traducía en un verdadero honor.

Nos habló de cómo se inspiró  para escribir su gran éxito, “5 pa las 12”, la infaltable canción de los fines de año convertida en un himno latinoamericano. “Siento que he cumplido ante la Historia con esta canción. Me siento feliz”, dijo. Luego explicó como el 1961 leyó en un periódico que Felipe Herrera, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, no tenía tiempo en medio de sus ocupaciones para ver a su madre. Por lo que la señora se vio en la obligación  de solicitar una audiencia oficial y hacer la cola, como todos los usuarios, para poder ver a su propio hijo.
Oswaldo Oropeza se preguntó si el trabajo, las ocupaciones  y las cosas materiales  pueden hacer que un hombre se haga insensible hasta con su propia madre, hasta el punto de no dedicarle unos minutos. Habló con tal sentimiento de nuestras progenitoras que se hizo un hondo silencio, y entre sorbos de licor rodaron lágrimas.

Oropeza le dio vueltas  a esta noticia y llevó al papel sus ideas. Había nacido “5 pa las 12”.
“Me gustaría regresar a Guárico y hacer uno gira con mis canciones”-dijo Oswaldo Oropeza. Corría el año de 1997, y su deseo no se cumpliría porque para diciembre 1998 los periódicos notificaban su muerte.


Edgardo Malaspina