LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.

PADRINO DE LA 1RA. PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

PADRINO DE LA 1RA. PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.
ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001
DERMATÓLOGOS.2001

PLACA DE RECONOCIMIENTO

PLACA DE RECONOCIMIENTO
X PROMOCIÓN DE MEDICOS.UNERG.2010

HUESPED DISTINGUIDO.

HUESPED DISTINGUIDO.
ORTIZ.2008




XXIX CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS OFICIALES DE VENEZUELA

XXIX  CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS OFICIALES DE VENEZUELA
MATURÍN.2011

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001
MATURIN.2011.

domingo, 12 de febrero de 2017

¿DE DÓNDE PROVIENE EL NOMBRE DE LAS MERCEDES DEL LLANO?

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA
¿DE DÓNDE PROVIENE EL NOMBRE DE NUESTRO PUEBLO, LAS MERCEDES DEL LLANO?
Edgardo Malaspina
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Los mercedenses  aceptamos  como un hecho fuera de dudas que el nombre del pueblo tiene su origen en una historia casi legendaria y romántica, recogida por el doctor Julio de Armas en su libro “Camino Real”, publicado en 1959. Don Jorge Carpio se traslada desde el  Hato Palacios en 1868, junto a su familia,  hasta el sitio de la Atascosa Abajo. Buscaba tierras fértiles y agua para su gente y sus animales. Luego otros vecinos se instalan en el lugar junto a sus familias. Al cumplirse un año de la emigración (1869), Don Jorge decide darle el nombre de Las Mercedes al caserío en honor a su madre, su hermana y su hija, quienes le acompañaban en la empresa fundadora. Julio De Armas afirma: “No conozco ningún pueblo de mi tierra que tenga envuelta la historia de su nombre en el apelativo de tres mujeres…que pastorearon rebaños y surcaron la tierra del conuco, para alimentar a una generación de sus hijos, como la vieja loba histórica dio de mamar a Rómulo y Remo en el nacimiento de la Ciudad Eterna.”
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Pero se pueden explorar otras ideas con respecto al nombre del pueblo. En 1218, un santo español, Pedro Nolasco, dice haber visto a la Virgen María, quien le pide defender a los cristianos cautivos. La manifestación mariana instaba buscar una merced o gracia para liberar a los creyentes esclavizados por piratas. Nacía el culto a la Virgen de Las Mercedes. En 1366 Enrique II de Castilla se coronó rey  luego de una guerra sangrienta. Recompensó a sus aliados con donaciones, gracias o mercedes. Luego, por esas circunstancias que unen la guerra con la religión o la espada con la cruz, el rey castellano pasó a llamarse simplemente Enrique el de las Mercedes. Desde entonces todos los reyes españoles cuando concedían a sus vasallos tierras las denominaban merced o mercedes. Es por eso que a lo largo y ancho de la América conquistada por los españoles existen muchísimos lugares, urbanizaciones, pueblos y ciudades llamadas Las Mercedes.
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La historiadora española Virginia Calvente posee documentos antiguos sobre nuestros pueblos (O, Botello.2011). En esos papeles, que datan de 1747, se citan lugares conocidos por nosotros al encontrarse cerca uno de otros: El Calvario, Belén, Santa Rita, Mocapra y el hato La Merced (en otro aparte se habla del hato Las Mercedes.)
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Entonces, podemos esbozar tres teorías para explicar el origen del nombre del pueblo: 1) Don Jorge Carpio le colocó ese nombre en honor a sus familiares sin tener conocimiento del hato Las Mercedes.2) Don Jorge Carpio sabía de la existencia del hato Las Mercedes y tuvo entonces motivos históricos, sentimentales y familiares para reafirmar ese nombre en la fundación.3) El pueblo no lo fundó nadie específicamente. En ese sitio hubo tierras feraces y  agua abundante; y por lo tanto habitantes, como lo afirma Mariano Martí en su visita pastoral en 1783 a Belén, a escasos kilómetros de Las Mercedes. El nombre, entonces, sería una reminiscencia histórica, transmitida de generación en generación por el subconsciente colectivo.







sábado, 28 de enero de 2017

Gusanitos en el agua y carnet patriótico RAMÓN HERNÁNDEZ

EL NACIONAL - Sábado 28 de Enero de 2017        Opinión/6

Opinión

Gusanitos en el agua y carnet patriótico
RAMÓN HERNÁNDEZ
>> @ramonhernandezg

E l escritor Luis Britto García, autor de 83 libros y 4 cantos desesperados, no se ha vuelto a quejar del mal servicio de Hidrocapital, quizás está haciendo la cola para obtener el carnet de la patria y no ha tenido tiempo ni de enjuagarse la boca. He estado atento en los últimos meses después de su panegírico negativo a la empresa hídrica y ni siquiera ha rezongado ante la inusitada cantidad de gusanos de variados tamaños, colores y familias que llegan con el agua que con el sello de potable reciben los venezolanos en sus hogares, especialmente en Caracas y sus cercanías, pero también en Calabozo, Las Mercedes del Llano, Puerto Ordaz, Güiria, El Cobre, Yaguaraparo, San Juan de Manapiare y la Colonia Tovar.

Como experto en piratas y piraterías, cronista acallador de trácalas, el intelectual del régimen sabe mucho de ciencia ficción y de la confección de la mortadela, pero sobresale por su buen ánimo para justificar injusticias, exclusiones, baboserías propias y no tan ajenas, bravuconadas leguyéricas y toda la variedad de amedrentamientos que pueda concebirse en un Estado tomado por asalto por bandoleros de la peor ralea.

Instalado en su proletaria torre de marfil, ya debería haberse asombrado de que por el lavamanos, la ducha, la llave del fregadero, la manguera del jardín siempre verdecito y también por el tanque de la poceta salen seres acuáticos casi tan grandes como los que perseguía con su arpón cuando se dedicaba a la pesca submarina. ¡Qué tiempos aquellos! En Cuba la nomenklatura resolvió su problema de justa distribución de los bienes disponibles apegados a la ecuación real socialista: el que parte y reparte le queda la mejor parte. Siendo ellos los que distribuían las tarjetas de racionamiento, al pobre Liborio le daban una y ellos se quedaban con cuarenta. Aquí pasa lo mismo con la tarjeta de la patria y las tarjetas de débito que reparten las misiones.

Todas tienen la misma apariencia, pero no dan a todos por igual. Britto tendrá decenas de bolsas de CLAP, pero ninguna el vecino de al lado por vivir en una zona burguesa. Luis, te jodiste, tu "agua potable" viene de la misma planta de tratamiento, de la misma represa a la que lanzan cadáveres y otras linduras. El presupuesto del cloro, el propio cloro y los protocolos de potabilización se los llevaron para Cuba, como la dignidad, el amor propio y el respeto al pueblo que dicen defender y reivindicar. Farsantes. Vendo gusanera tropical verdadera, marxista, carnetizada y con 17 años robando a placer



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sábado, 31 de diciembre de 2016

NAVIDAD Y AÑO NUEVO EN LAS MERCEDES DEL LLANO

NAVIDAD Y AÑO NUEVO EN LAS MERCEDES DEL LLANO

Edgardo Malaspina




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           Los recuerdos más lejanos sobre las celebraciones decembrinas mercedenses (1920-1930) los encontramos en los escritos de Concha Rachadell (1902-1900), la primera maestra del pueblo. Rachadell describe algunas fiestas de gala al aire libre (en “casas hospitalarias”) por motivos navideños en “noches de perfumes y de música y de luna”, con bellas damas, luciendo rosas en sus hombros; y caballeros gallardos y galantes que se paseaban  en un patio florecido de jazmines. Los presentes eran “jóvenes, enamorados, platónicos de ilusiones y de esperanzas”, entregados al placer y que brindaban con “vinos añejos en finos cristales”. En estas veladas  reinaba el orden, la cordialidad y la alegría; y se recitaban poesías, entre canciones y bailes. La maestra le dedica unos versos a una Noche Buena: Las campanas anuncian ¡ha nacido el Mesías / y en esta noche plácida y serena/ sólo mi pobre alma no siente alegrías/ porque tú estás tan lejos en esta noche buena!
Concha habla de  una reunión un  31 de diciembre, iluminada “por una hermosa luna llena… que enviaba su luz, como una bendición  del cielo sobre los tristes moradores de la tierra”; y continúa: “El ambiente era suave y embalsamado y el cielo esmaltado de bellísimas estrellas estaba teñido de un azul purísimo”. El año nuevo lo recibieron apurando “en finas copas, los más finos licores”. Al siguiente día la reunión festiva continuaba bajo un amanecer “claro y bello, magnífico, esplendido”; y los mercedenses pensaban “al aparecer un año nuevo:¿qué nos traerá?...¿la felicidad o la desgracia, la realización del bello ideal o la muerte de todas las esperanzas?

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Para muchas generaciones de mercedenses  la navidad  se asocia  a las arepitas dulces de Mamila. No hay mercedense que no conozca aunque sea por referencia   a Mamila en una esquina de la plaza Bolívar. Sus bocadillos resumidos en una arepa portadora de la mejor culinaria oriental los devorábamos cual manjar de dioses en los preludios friolentos de los amaneceres mercedenses con misas de aguinaldo.
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Por un tiempo las misas de madrugada fueron suspendidas por el párroco. Varias fueron las razones: alguien lanzó un cohete  horizontalmente entre los feligreses y algunos resultaron heridos. Además,  Remigio cantó la versión completa de la gaita de Joselo, de moda a la sazón, en pleno servicio religioso; y cada vez que el cura le pedía silencio, Remigio respondía con voz etílicamente distorsionada, mientras su cuerpo se tambaleaba: ¡no somos nada! (En alusión a uno de los chistes más pegajosos de la gaita de marras).
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Varios personajes quedaron en mi memoria asociados a la navidad. El maestro de albañilería Francisco Carrillo era hombre de palabras y acciones curiosas. Decía no asistir a los entierros  por motivos de reciprocidad: estaba convencido de que los difuntos amigos no asistirían tampoco a su  funeral. También solía contar que dormía con sus lentes puestos para no perderse ningún detalle en caso de que Morfeo lo gratificara con algún pasaje onírico  eróticamente interesante. El maestro Francisco repartía en diciembre sus tarjetas de presentación con un mensaje reconfortante, propio del espíritu navideño. También se montaba sobre el único tanque que distribuía el agua al pueblo y colocaba un arbolito, cuyas luces llegaban a todos los confines de la ciudad para regocijo de niños y adultos.
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“Carita”  , una especie de fotógrafo ambulante, con su  figura  delgada  cargaba terciado al hombre su instrumento de trabajo; y el 31 de diciembre, no sé si motu proprio o por indicación de las autoridades, atestaba de pólvora un pequeño cañón en la plaza Bolívar, al cual aplicaba fuego en el preciso momento cuando un año daba paso a otro. Los mercedenses esperaban el retumbar del cañón de Carita para abrazarse y darse el feliz año.

sábado, 12 de noviembre de 2016

DON FÉLIX VARGAS, EL ALGEBRISTA

CRÓNICAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO

DON FÉLIX VARGAS, EL ALGEBRISTA

Edgardo Malaspina

En  1777 Lorenzo Campins y Ballester, fundador de los estudios médicos en Venezuela y creador del Protomedicato (institución que controlaba todo lo referente a la salud en la época colonial) hizo una especie de censo para evaluar a los que ejercían la medicina  y constató que había médicos graduados (físicos), herbolarios, parteros, ensalmadores, boticarios, especieros y cirujanos. Estos últimos tenían su propia clasificación: latinos (estudiaban en latín), romancistas (estudiaban en castellano, una de las lenguas romances), flebotomistas o barberos sangradores (la sangría era un método muy usado) y algebristas. El término para definir a este último profesional proviene del árabe (álgebra: reducción, cotejo) y sirve para designar a ciertos matemáticos, pero también a los que curaban huesos dislocados, porque en ambos casos al encontrar la incógnita las cosas quedan en su lugar. 


Sirvan estos prolegómenos para referirme a don Félix Vargas, recientemente fallecido y quien por mucho tiempo se dedicó en Las Mercedes del Llano al arte de “sacar falseaduras (luxaciones) y torceduras de huesos”, labor que lo convierte en un digno y  legítimo descendiente de los algebristas del periodo colonial. Muchos mercedenses con algún trauma óseo fuimos auxiliados en más de una ocasión por las hábiles manos de don Félix Vargas, quien podía precisar cuando la solución estaba es su arte o en las de un traumatólogo: diferenciaba, “quebraduras”, fisuras o “falseaduras”.  Con su actitud honesta y siempre presta para ayudar al necesitado de su oficio cumplía con el consejo de la Organización Mundial de la Salud de recurrir a los  empíricos, en ausencia de los profesionales correspondientes,  que cumplan con el mandato hipocrático  de   “primum non nocere” (lo primero es no hacer daño).
Don Félix nació (20 de enero de 1930) en San Sebastián de los Reyes, ciudad históricamente  fundamental para el desarrollo de los llanos y de donde provienen muchos pobladores de Las Mercedes.   De su padre, don Roque Jacinto Vargas, heredó el aspecto físico y el arte de sanar huesos; mientras que de su madre, doña Daria Reyes, le viene el carácter bondadoso y la predisposición de hacer el bien al prójimo. 

Llegó al pueblo en 1953 tras las buenas nuevas del espejismo petrolero. Allí trabajará, tendrá varias esposas y procreará 17 hijos. Además de algebrista fue “toero” con un diapasón de ocupaciones que iban desde la albañilería hasta el comercio al frente de mostradores de bodegas y bares. Fue muy famoso su negocio “Flor de patria”, pero más aún el bar con ese mismo nombre, siempre concurrido porque vendía la cerveza a real y medio (75 centavos) cuando todos los otros expendios la tenían  a un bolívar, precio poco atractivo para los bolsillos estudiantiles.

Don Félix consideraba que su  arte de sobador era un don de Dios y lo ejercía a la manera de los periodeutas griegos: iba a la casa del necesitado sin más aperos que sus diestras manos, el palo de arco, la morrona y sus oraciones.