LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.

PADRINO DE LA 1RA. PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

PADRINO DE LA 1RA. PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.
ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001
DERMATÓLOGOS.2001

PLACA DE RECONOCIMIENTO

PLACA DE RECONOCIMIENTO
X PROMOCIÓN DE MEDICOS.UNERG.2010

HUESPED DISTINGUIDO.

HUESPED DISTINGUIDO.
ORTIZ.2008




XXIX CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS OFICIALES DE VENEZUELA

XXIX  CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS OFICIALES DE VENEZUELA
MATURÍN.2011

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001
MATURIN.2011.

sábado, 12 de noviembre de 2016

DON FÉLIX VARGAS, EL ALGEBRISTA

CRÓNICAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO

DON FÉLIX VARGAS, EL ALGEBRISTA

Edgardo Malaspina

En  1777 Lorenzo Campins y Ballester, fundador de los estudios médicos en Venezuela y creador del Protomedicato (institución que controlaba todo lo referente a la salud en la época colonial) hizo una especie de censo para evaluar a los que ejercían la medicina  y constató que había médicos graduados (físicos), herbolarios, parteros, ensalmadores, boticarios, especieros y cirujanos. Estos últimos tenían su propia clasificación: latinos (estudiaban en latín), romancistas (estudiaban en castellano, una de las lenguas romances), flebotomistas o barberos sangradores (la sangría era un método muy usado) y algebristas. El término para definir a este último profesional proviene del árabe (álgebra: reducción, cotejo) y sirve para designar a ciertos matemáticos, pero también a los que curaban huesos dislocados, porque en ambos casos al encontrar la incógnita las cosas quedan en su lugar. 


Sirvan estos prolegómenos para referirme a don Félix Vargas, recientemente fallecido y quien por mucho tiempo se dedicó en Las Mercedes del Llano al arte de “sacar falseaduras (luxaciones) y torceduras de huesos”, labor que lo convierte en un digno y  legítimo descendiente de los algebristas del periodo colonial. Muchos mercedenses con algún trauma óseo fuimos auxiliados en más de una ocasión por las hábiles manos de don Félix Vargas, quien podía precisar cuando la solución estaba es su arte o en las de un traumatólogo: diferenciaba, “quebraduras”, fisuras o “falseaduras”.  Con su actitud honesta y siempre presta para ayudar al necesitado de su oficio cumplía con el consejo de la Organización Mundial de la Salud de recurrir a los  empíricos, en ausencia de los profesionales correspondientes,  que cumplan con el mandato hipocrático  de   “primum non nocere” (lo primero es no hacer daño).
Don Félix nació (20 de enero de 1930) en San Sebastián de los Reyes, ciudad históricamente  fundamental para el desarrollo de los llanos y de donde provienen muchos pobladores de Las Mercedes.   De su padre, don Roque Jacinto Vargas, heredó el aspecto físico y el arte de sanar huesos; mientras que de su madre, doña Daria Reyes, le viene el carácter bondadoso y la predisposición de hacer el bien al prójimo. 

Llegó al pueblo en 1953 tras las buenas nuevas del espejismo petrolero. Allí trabajará, tendrá varias esposas y procreará 17 hijos. Además de algebrista fue “toero” con un diapasón de ocupaciones que iban desde la albañilería hasta el comercio al frente de mostradores de bodegas y bares. Fue muy famoso su negocio “Flor de patria”, pero más aún el bar con ese mismo nombre, siempre concurrido porque vendía la cerveza a real y medio (75 centavos) cuando todos los otros expendios la tenían  a un bolívar, precio poco atractivo para los bolsillos estudiantiles.

Don Félix consideraba que su  arte de sobador era un don de Dios y lo ejercía a la manera de los periodeutas griegos: iba a la casa del necesitado sin más aperos que sus diestras manos, el palo de arco, la morrona y sus oraciones.




sábado, 29 de octubre de 2016

CUARENTA AÑOS DE LA PRIMERA PROMOCIÓN DE BACHILLERES DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

La Antena.29.10.2016


CUARENTA AÑOS DE LA PRIMERA PROMOCIÓN DE BACHILLERES DE LAS MERCEDES DEL LLANO.



CUARENTA AÑOS DE LA PRIMERA PROMOCIÓN DE BACHILLERES DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

Edgardo Malaspina

 En 1976 egresó la primera promoción de bachilleres de Las Mercedes del Llano. Se cerraba un ciclo en materia educativa local que se había iniciado en la tercera década  del siglo XX con la creación  de la primera institución escolar. En efecto, la primera escuela del pueblo empezó a regentarse en 1927; pero la preocupación de los mercedenses por la formación de las generaciones futuras se hizo sentir desde mucho antes. En 1925 un grupo de personalidades solicitó ante la Junta Comunal de Chaguaramas  la creación de una Escuela Federal Mixta. Luego en 1926  la gente de Las Mercedes manifestó ante el Presidente del Estado Guárico, coronel Alfredo Rodríguez, su inquietud sobre la enseñanza pública con la petición de designar a Antonio Marchena como director de una Escuela Federal y , además, sugirió la construcción de una escuela nocturna “para facilitar a numerosos niños que están en servicio doméstico, la instrucción”. Nuevamente en 1928 se planteó ante las autoridades competentes lo referente a la escuela nocturna. En 1940 la Junta Comunal de Las Mercedes solicitó ante el Presidente del Estado Guárico la creación de una Escuela Graduada “ya que niños que han estudiado suficiente continúan en el mismo grado primero”. Así nació el sexto grado de primaria. La Escuela para  Hembras Carlos del Pozo se fusionó con la Escuela de Varones en 1954 para dar paso al Grupo Escolar Monseñor Rodríguez  Álvarez. En 1959 se inauguró la Escuela Rafael Paredes. En 1968 fue fundada la Escuela Técnica Industrial. Funcionó como Ciclo Básico Común hasta 1974, cuando fue elevado a Ciclo Combinado con el nombre de Pedro Itriago Chacín.
Los primeros bachilleres fuimos muy afortunados de tener excelentes  profesores, verdaderos maestros de la academia y la pedagogía. Sus clases y mística para la enseñanza fueron fuente de inspiración que apuntaló nuestro amor y curiosidad por el conocimiento y los libros. Por razones obvias mencionamos sólo algunos: Heleno Toledo, José Manuel Célis, Martín Aponte, Víctor Díaz, Eney Lito Silveira, Efraín Bolívar y Teresa Navarro.

 El 30 de octubre de 1976 las familias mercedenses celebraban con baile de gala en el Club de Leones la primera promoción de bachilleres, fraguada en las paredes de un liceo local. Atrás quedaban los tiempos cuando los jóvenes del pueblo abandonaban sus hogares , con rumbo hacia otras ciudades para continuar sus estudios.  
La primera promoción de bachilleres , mención Ciencias, llevó por nombre Elizabeth Manfredi, primera directora del instituto; y la integraban:  César Maita, Fredy Malavé, Elizabeth Coronado, Rosa Fernández, Mireya Fernández, Frank Guevara, Garci González, Betty Morales, Elida Prado, Teodoro Lara(+), Vicente Lara, Garda Pérez, Nelson Ramirez, Frank Amatima, Lorenzo Yeguez(+), Oneida Malavé, Rodolfo Camaripano, Rogelio Brito, Durman Rojas, Asde Velásquez, César González, Laly Belisario, Emigdio Soublette, Argentina Torres, Maira Urquía, Mílvida Rodríguez, Luis Sojo, Andrés Crespo, José Gregorio Malaspina, Ismar Peña, Mercedes Ledezma, Maíta Ledezma,  Cecilio Villarroel, Onersa Bastidas, Edgar Camaripano. Hugo Célis, Plácido Fernández, Sorayda Gamardo, Belén Ledezma, Dahel  Ochoa, Arístides Pérez  y quien estas líneas escribe.


domingo, 19 de junio de 2016

EL POETA FELIPE RODRÍGUEZ

EL POETA  Y PINTOR FELIPE RODRIGUEZ O LA EPILESIA COMO UNA OPORTUNIDAD PARA EL ARTE



Edgardo Malaspina
 Conocí a Felipe Rodriguez hace muchos a atrás en las calles de San Juan. Yo estudiaba en el Liceo Juan Germán Roscio y Felipe me comunicó que estaba  en campaña para que nuestra  capital adquiriera la jerarquía de ciudad universitaria. Vestido de campesino, cargado de libros hasta más no poder, pronunciaba una retahíla de versos a favor de la creación de una casa de estudios universitarios genuinamente sanjuanera. Desde entonces cada vez que lo veo no puedo evitar asociarlo al alma mater galleguiana.
 Felipe , nacido en Las Mercedes del Llano, es un artista a tiempo completo. Su radio de acción es amplio: es cronista cada vez que reseña la vida de algún personaje regional o nacional; es poeta con muchos libros publicados; es un gran recitador de versos propios y ajenos y su presencia en los actos culturales es garantía de que la velada estará animada con su muy fino humor pueblerino; y es  catalogado por los entendidos en la materia como uno de los pintores ingenuos más destacados del país. Pero además es un gran contertulio, de esos que emiten su opinión sobre cualquier tema del acontecer nacional sin pensarlo dos veces, porque su alma pura no da para recelos, malicias y cálculos : él es su palabra.
Felipe me entrega un poemario inédito. Lo leo y lo releo. Trata de muchos personajes: poetas, escritores , historiadores y médicos. Allí están Pedro Berroeta, Armas Chitty, Argenis Rodriguez y el sabio Torrealba. Por sólo nombrar algunos. Pero estos versos de Felipe no se pueden leer sin hablar de algunos aspectos médicos asociados a su persona. Su poesía no se puede ubicar en el contexto de las clasificaciones aceptadas para analizar los textos líricos en general.Tomemos como ejemplo las siguientes estrofas:

Por José Francisco Torrealba
descubierto lo es inmortal
le produce el mal de chagas
el chipo fatal animal.
él es científico bolivariano
de Santa María de Ipire
escritor sabio venezolano
del Guárico  al mundo vive.

Toda la obra poética de Felipe está enmarcada en ese estilo. Allí no sobra nada, pero tampoco falta. Esa es su manera de ver el mundo. Aceptarla tal cual es  la mejor forma de entender su  alma, su corazón y su cerebro. Felipe ve las cosas así. Su mundivisión peculiar es producto de su condición  de paciente epiléptico. Condición que no merma en nada sus facultades intelectuales. Muy por el contrario, las refuerza. Recordemos a hombres epilépticos que dejaron honda huella en la Historia: Sócrates (muy citado por Felipe, por cierto. ¿Por qué será?) , el más humano de los hombres, trazó los límites de nuestros actos con sus preceptos éticos. Alejandro Magno no tiene parangón en el ámbito militar. César marcó a todos los gobernantes del mundo. San Pablo difundió la obra de Cristo sin detenerse ante los obstáculos. Juana de Arco le dio valor a todo un pueblo. Moliere revolucionó el teatro. Napoleón cambió el mapa de Europa. Byron deslumbró con sus versos. Helmholtz , físico y médico, inventó instrumentos, como el oftalmoscopio, que iluminaron el camino a seguir en la medicina apoyándose en aparatos para buscar la enfermedad. Flaubert nos dejó una novelística inmortal. Dostoyevski esperaba un ataque epiléptico para inspirarse y escribir sus novelas e indagar en la psicología humana. Van Gogh pintaba mejor en pleno trance epiléptico, igual que nuestro Reverón. Pedro I  trazaba sus planes para engrandecer a Rusia entre ataques epilépticos. José Antonio Páez también era epiléptico y eso no le impidió ganar batallas, ser presidente de Venezuela, escribir su autobiografía, aprender idiomas, pintar,  tocar el piano, componer música y cantar.
La obra poética   de Felipe Rodriguez exige que se le analice sin superficialidades  porque ella está en el límite de la literatura y la medicina, una frontera demasiado amplia  y   complicada  pero  muy atractiva para ser investigada.


sábado, 11 de junio de 2016

DOÑA YOLE

CRÓNICAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO
DOÑA YOLE Y LA PRIMERA LIBRERÍA DEL PUEBLO
 Edgardo Malaspina
 
 Andrea Paladio , el célebre arquitecto italiano del Renacimiento, desarrolló su actividad Construyendo  hermosos templos y palacios en su ciudad natal, Vicenza; hecho cultural por el cual  la UNESCO la  declaró Patrimonio de la Humanidad. Precisamente en Vicenza nació una mercedense  que todos recordamos con cariño:  Yole Cogno Poletto (24.11.1912-3.03.2000). Juan Bosco, un santo famoso por defender a los niños desvalidos y fundador de una congregación religiosa, hizo sus estudios en Chieri, una ciudad que apareció desde la propia  prehistoria. 

En Chieri nació  Vincenzo Molino Grandi ( 3.11.1915-1988), esposo de Yole. Doña Yole, como todos la llamábamos, y  Vincenzo emigraron  a  Lausana  (Suiza) en 1946. Los países participantes en la segunda guerra mundial estaban devastados y su gente marchaba a otros lugares en busca de paz y trabajo. Ella, contadora de profesión; él, albañil, se mantienen en tierras suizas hasta 1949, cuando llegan a Venezuela por la Guaira. Caracas y Puerto La Cruz son destinos efímeros; Las Mercedes del Llano es un escenario más atractivo por lo del petróleo. Llegaron al pueblo en 1950;  y en 1963 Doña Yole  abre una librería , la cual llevaba su propio nombre. Estaba ubicada al suroeste de la  Plaza Bolívar, en el sitio que una vez ocupó la primera casa mercedense de tejas, denominada “Casa Marquera”.

Desde los  doce años yo solía visitar ese recinto de libros, papeles y lápices. Dos viejitos atendían amablemente a la clientela. Varias veces noté como un texto deteriorado, por arte y magia de la encuadernación, se convertía en una obra nueva. Una vez pregunté por un tomo preciosamente empastado. Tenía unos jinetes en la portada. “Es un libro de aventuras. Muy bueno. Te encantará. Vale cinco”, dijo  Doña Yole, y me lo dio para hojearlo. Por varias veces  me acerqué a  la tienda para observar el libro en el estante. Aún no reunía el dinero. Un día Doña Yole me dijo: sé que vienes por el libro, ¿cuánto tienes? Tres, contesté tímidamente. Llévatelo, fue la respuesta. Desde entonces colecciono ejemplares de El Quijote.

Con el tiempo, Doña Yole se convirtió en mi paciente. Luego  de la consulta disfrutaba de su conversación y de su reconfortante café con grappa. Me hablaba de la importancia de la disciplina para triunfar en el trabajo y de la fuerza espiritual que proporciona el hogar para vencer las dificultades. En el frente de su casa estaba escrito como lema esa convicción de la vida: “La mia casa puó sostitoire il mondo, pero il mondo non puó sostituire la mia casa.”
Doña Yole profesaba la certeza mediterránea  sobre las dietas y el ejercicio físico para conservar la salud, con una pizca de suspicacia hacia la medicina. Reiteradamente me hizo el siguiente relato: un hombre vivía y trabajaba  en el campo, y cada vez que sentía un malestar se dirigía al pueblo más cercano, situado a varios kilómetros de distancia. El largo viaje en busca del médico lo hacía a pie; pero el galeno nunca estaba y entonces el pobre campesino regresaba a su casa sin receta ni medicamentos. Como no había trabajado no tenía mucho que comer. La situación se repetía cada vez que el hombre creía amenazada su salud. El labrador murió en la profunda vejez. En conclusión: nunca lo vio un médico, hizo ejercicios y  comió poco; pero vivió bastante.

Tal vez la observancia del antiguo precepto higienista  grecorromano hizo que Doña Yole llegara casi a los noventa con memoria lúcida y parlamento ingenioso.