LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.

PADRINO DE LA 1RA. PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

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ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

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DERMATÓLOGOS.2001

PLACA DE RECONOCIMIENTO

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X PROMOCIÓN DE MEDICOS.UNERG.2010

HUESPED DISTINGUIDO.

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ORTIZ.2008




XXIX CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS OFICIALES DE VENEZUELA

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MATURÍN.2011

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001
MATURIN.2011.

sábado, 31 de diciembre de 2016

NAVIDAD Y AÑO NUEVO EN LAS MERCEDES DEL LLANO

NAVIDAD Y AÑO NUEVO EN LAS MERCEDES DEL LLANO

Edgardo Malaspina




1

           Los recuerdos más lejanos sobre las celebraciones decembrinas mercedenses (1920-1930) los encontramos en los escritos de Concha Rachadell (1902-1900), la primera maestra del pueblo. Rachadell describe algunas fiestas de gala al aire libre (en “casas hospitalarias”) por motivos navideños en “noches de perfumes y de música y de luna”, con bellas damas, luciendo rosas en sus hombros; y caballeros gallardos y galantes que se paseaban  en un patio florecido de jazmines. Los presentes eran “jóvenes, enamorados, platónicos de ilusiones y de esperanzas”, entregados al placer y que brindaban con “vinos añejos en finos cristales”. En estas veladas  reinaba el orden, la cordialidad y la alegría; y se recitaban poesías, entre canciones y bailes. La maestra le dedica unos versos a una Noche Buena: Las campanas anuncian ¡ha nacido el Mesías / y en esta noche plácida y serena/ sólo mi pobre alma no siente alegrías/ porque tú estás tan lejos en esta noche buena!
Concha habla de  una reunión un  31 de diciembre, iluminada “por una hermosa luna llena… que enviaba su luz, como una bendición  del cielo sobre los tristes moradores de la tierra”; y continúa: “El ambiente era suave y embalsamado y el cielo esmaltado de bellísimas estrellas estaba teñido de un azul purísimo”. El año nuevo lo recibieron apurando “en finas copas, los más finos licores”. Al siguiente día la reunión festiva continuaba bajo un amanecer “claro y bello, magnífico, esplendido”; y los mercedenses pensaban “al aparecer un año nuevo:¿qué nos traerá?...¿la felicidad o la desgracia, la realización del bello ideal o la muerte de todas las esperanzas?

2
Para muchas generaciones de mercedenses  la navidad  se asocia  a las arepitas dulces de Mamila. No hay mercedense que no conozca aunque sea por referencia   a Mamila en una esquina de la plaza Bolívar. Sus bocadillos resumidos en una arepa portadora de la mejor culinaria oriental los devorábamos cual manjar de dioses en los preludios friolentos de los amaneceres mercedenses con misas de aguinaldo.
3
Por un tiempo las misas de madrugada fueron suspendidas por el párroco. Varias fueron las razones: alguien lanzó un cohete  horizontalmente entre los feligreses y algunos resultaron heridos. Además,  Remigio cantó la versión completa de la gaita de Joselo, de moda a la sazón, en pleno servicio religioso; y cada vez que el cura le pedía silencio, Remigio respondía con voz etílicamente distorsionada, mientras su cuerpo se tambaleaba: ¡no somos nada! (En alusión a uno de los chistes más pegajosos de la gaita de marras).
4
Varios personajes quedaron en mi memoria asociados a la navidad. El maestro de albañilería Francisco Carrillo era hombre de palabras y acciones curiosas. Decía no asistir a los entierros  por motivos de reciprocidad: estaba convencido de que los difuntos amigos no asistirían tampoco a su  funeral. También solía contar que dormía con sus lentes puestos para no perderse ningún detalle en caso de que Morfeo lo gratificara con algún pasaje onírico  eróticamente interesante. El maestro Francisco repartía en diciembre sus tarjetas de presentación con un mensaje reconfortante, propio del espíritu navideño. También se montaba sobre el único tanque que distribuía el agua al pueblo y colocaba un arbolito, cuyas luces llegaban a todos los confines de la ciudad para regocijo de niños y adultos.
5

“Carita”  , una especie de fotógrafo ambulante, con su  figura  delgada  cargaba terciado al hombre su instrumento de trabajo; y el 31 de diciembre, no sé si motu proprio o por indicación de las autoridades, atestaba de pólvora un pequeño cañón en la plaza Bolívar, al cual aplicaba fuego en el preciso momento cuando un año daba paso a otro. Los mercedenses esperaban el retumbar del cañón de Carita para abrazarse y darse el feliz año.

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