LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.

PADRINO DE LA 1RA. PROMOCIÓN. MISIÓN SUCRE.

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ACTIVIDAD FÍSICA Y SALUD

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001

I PROMOCIÓN DE DERMATÓLOGOS.UNERG.2001
DERMATÓLOGOS.2001

PLACA DE RECONOCIMIENTO

PLACA DE RECONOCIMIENTO
X PROMOCIÓN DE MEDICOS.UNERG.2010

HUESPED DISTINGUIDO.

HUESPED DISTINGUIDO.
ORTIZ.2008




XXIX CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS OFICIALES DE VENEZUELA

XXIX  CONVENCIÓN NACIONAL DE CRONISTAS OFICIALES DE VENEZUELA
MATURÍN.2011

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001

HUESPED DISTINGUIDO.MATURIN.2001
MATURIN.2011.

lunes, 1 de noviembre de 2010

UNA VIEJA FOTOGRAFÍA MERCEDENSE.POR J. MONTILLA.


Esta fotografía forma parte de la colección de CELLUNERG.


Detrás de ella está escrito: Las Mercedes, 1957. El nombre del fotografo es desconocido. En ella encontramos la imponente presencia de 10 personas, 9 hombres y una mujer.


Todos atentos a la cámara, posando como para satisfacer una implacable curiosidad que los alcanza desde esta lejanía temporal, este caluroso mes de noviembre del año 2010. Se siente como si no prestaran atención al fotógrafo, sino a nosotros, voyeristas cultivados de este siglo XXI.


Se percibe la franqueza o la inocencia de una gente que permanece, gracias al arte, atrapada para siempre en el marco de un mundo distinto al nuestro. El caballo no participa en el juego humano de mostrarse voluntariamente, se petrifica en su salvadora indiferencia animal. El exhibicionismo de los personaje es muy particular, el de la señora con el gesto tímido de las manos cruzadas, un mohín de coquetería femenina. Los hombres, la mayoría de pie, con posturas que van de lo desafiante a lo curioso, pasando por lo displicente, o la arrellanada comodidad en la silla de cuero, recostada contra el pretil, mas el codo sobre el tambor de keroseno y la mano acolchando la nuca.


Destaca la blancura elegante de hombre en liquiliqui. El rostro risueño y sombreado del jinete. Resalta el viejo aviso de pepsicola, el largo poste eléctrico y los semi ocultos camiones, todo semejando un viejo guiño burlón que nos hace desde allá la ubicua modernidad que disfrutamos y padecemos.


Atrás, de fondo, algunos árboles parecen diluirse bajo la fuerza de la resolana. Todo está sumergido, conservado para siempre, en la rotunda y celosa luz del llano guariqueño. (Jeroh Montilla)

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