LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.




LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA
2014

viernes, 4 de septiembre de 2026

Matatigres.

 RECUERDOS DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

MATATIGRES.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra






1

En aquellos lejanos tiempos de mi infancia, la única diversión era irse, por las tardes, a la avenida y jugar los juegos de la época: los vaqueros, el escondido, saltar por la espalda de uno de nosotros (cada vez se colocaba uno más alto y era más difícil hacer el salto), libre (tocar y paralizar a alguien del bando “enemigo” que sería liberado por uno del mismo bando con solo volver a tocarlo), competencias de carreras, hacer adivinanzas, etc. Hasta que una vez se apareció un señor entrado en años, pequeño, con sombrero “pelo e guama”, vestido todo de caqui marrón: camisa y pantalón pulcramente almidonados y planchados. Los pliegues de su ropa se destacaban en sus líneas firmemente remarcadas. Toda su figura remataba en unas alpargatas negras de fina suela de cuero de ganado.

Le pusimos por nombre “El Señor de caqui”.

2

Nosotros pronunciábamos la palabra caqui con gran naturalidad sin saber que era una de las manifestaciones más palpables y volátiles de eso que ahora llaman globalización. Caqui involucra telas, vestimentas, colores, países lejanos, idiomas orientales, uniformes militares y, en general, todo un entramado de culturas exóticas.

3

El Señor de caqui, apenas se presentó, nos dijo:

¿Quieren que les eche un cuento?

Por toda respuesta, nos agolpamos a su alrededor bajo las frondosas acacias.

Nos sentamos en los muros de la avenida. En el centro quedó el cuentacuentos.

—Yo fui cazador de tigres —dijo y empezó un relato que terminó con un felino colgado a sus espaldas mientras se dirigía a su rancho.

Desde ese día, el Señor de caqui pasó a llamarse Matatigres.


4

Cuando caía la noche, nos íbamos a la avenida para esperar a Matatigres mientras jugábamos. Al notar que su figura se asomaba desde La Rochela, calle que era salida y entrada del pueblo, nos sentábamos conformando un redondel. El centro era para Matatigres.

5

Matatigres todas las noches tenía un cuento nuevo, pero siempre con una fiera muy peligrosa y él como héroe infalible. Una vez corrió perseguido por un felino feroz. Se escondió en una cueva. Solo tenía una pequeña navaja, la cual amarró a una varita, y con esa frágil arma improvisada le sacó los ojos al animal. Y así se salvó de una muerte segura.


6

Los finales de los cuentos de Matatigres eran felices. Terminaban con el tigre colgado de un caney, con su cuero cubriendo una pared o haciendo las veces de tapete o alfombra.

7

Una noche, Matatigres no vino. Lo esperamos por largo tiempo. Mirábamos hacia la calle de allá abajo por donde emergía como esos genios de las botellas encantadas. Pensamos que su ausencia era cosa de una noche. Pero pasaron varias noches, sin Matatigres, sin redondeles, sin tertulias. No volvió jamás. Murió de un infarto, se decía en el pueblo.

8

Tengo ahora la edad que tenía Matatigres cuando nos contaba sus cuentos. Y todavía, sin embargo, lo sigo esperando para que nuevamente nos relate sus maravillosas anécdotas.


No hay comentarios: