LAS MERCEDES DEL LLANO Y
SU HISTORIA.
DON MARCELO: ¡UN HOMBRE
ARDE POR EL DEDO GORDO!
Edgardo Rafael Malaspina
Guerra.
1
Todas las tardes pasaba don
Marcelo cerca de nosotros, jovenzuelos que en la avenida jugábamos o echábamos
cuentos. Su andar era inseguro y lento. Arrastraba los pies. Su pelo, su
bigote y su barba eran muy blancos. En una mano llevaba una bolsa de alimentos
y con la otra sostenía su bastón: un palo seco cualquiera. Hablaba en voz alta
consigo mismo con frecuencia; era un anciano cuerdo que no desvariaba, solo
recitaba sus recuerdos.
2
Don Marcelo vivía solo en un
cuarto de la vecina, doña Julia, que decía haber bailado joropo con Simón
Bolívar, en clara confusión del Libertador con unos de esos jefes de cualquier
alzamiento militar que arrasaban con las pocas viandas de los habitantes de un
pueblo cuando sus caballos se detenían por allí para el descanso : festines con
abundante aguardiente.
Doña Julia un día entró a la
sala de nuestra casa. Vio un retrato de Bolívar y dijo:
Ese llegó una vez con sus
hombres. Se comieron todo lo que tenía en la venta y no me pagaron. Montaron un
sarao con un arpa. Tuve que bailar escobillao con ese general.
3
Una vez don Marcelo se cayó de
bruces. Nosotros lo levantamos inmediatamente. Su decrépita indefensión no le
permitió ni siquiera interponer sus manos entre el asfalto ardiente y su
rostro. Sangraba por la boca y la nariz. Lo limpiamos con un trapo. De lejos
alguien gritó:
—No lo ayuden, que la está
pagando. Era un gendarme del régimen en los campos de trabajos forzados, en
Palenque, del régimen de Gómez.
Don Marcelo volteó hacia donde
provenían los gritos imprecatorios y con su débil voz nos dijo:
—Yo solo cumplía con mi trabajo
honrado: cargaba los cadáveres en un carretón, les quitaba los grillos de las
patas y los quemaba. Les hacía un corte en el dedo gordo del pie y les acercaba
un fósforo. Inmediatamente ardían. ¡Un hombre arde por el dedo gordo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario