LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.




LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA
2014

martes, 3 de marzo de 2026

EL JUEGO DE LA PELOTA Y LA CASA EMBRUJADA .

 

CASAS Y COSAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

 

 

 

EL JUEGO DE LA PELOTA Y LA CASA EMBRUJADA .

 


 

 

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

 El estadio de Las Mercedes quedaba cerca del liceo Pedro Itriago Chacín en el sitio que una vez se llamó  Barrialito.

En ese estadio jugaban al béisbol los trabajadores petroleros con sus respectivos equipos, pero también se realizaban “caimaneras” o juegos entre equipos que se organizaban de manera ocasional. Participaban adultos y jóvenes. Estos últimos formaban parte de la Corporación Criollitos de Venezuela.

El béisbol era una atracción, por lo general, de los domingos; pero también se efectuaba en días de semana.

2

En uno de esas contiendas beisbolísticas, una pelota se salió del perímetro del estadio. Era algo frecuente, consecuencia de un  jonrón o de un un foul fly. Lo cierto es que cuando eso sucedía, una trulla de muchachos salía en estampida en busca de la pelota.

La pelota cayó por la ventana de  una casita de barro, bahareque y cinz.

3

Luego de tocar la puerta con insistencia, los vecinos dijeron que la casa estaba deshabitada. Los muchachos forzaron la puerta y entraron.

El rancho tenía una sala-cocina que comunicaba con un cuarto. Supusieron que era un dormitorio. Entraron y se sorprendieron: en medio del recinto, el piso de cemento tenía un agujero con forma de ataúd.

Del hoyo sobresalían los zancos de una escalera de madera.

Huyeron despavoridos para comunicar la noticia.

Al rato regresó una trulla mayor: medio pueblo.

4

En el cuartucho no cabía un alma más. —Es necesario bajar para ver qué hay allá —dijo alguien. Todos guardaron silencio.

Luis, un joven atrevido, amante del peligro (podía pasar a gran velocidad en bicicleta por debajo de un camión cisterna de gasolina en movimiento) y de aventuras descabelladas, se ofreció de voluntario.

Luis bajó con una linterna por los peldaños de la escalera.  A los pocos minutos gritó que había llegado a una sala, pero que más abajo estaba otro hueco parecido al de arriba con otra escalera que iba más profundo.

Era un hoyo de dos pisos. Luis siguió bajando.

5

Cuando volvió a donde estaba la multitud, Luis contó lo siguiente:

 En el primer espacio subterráneo estaban dos féretros pequeños de color blanco, colocados sobre unos ladrillos rojos. En medio de los mismos se observaba un candelabro con signos de velas usadas. En las paredes colgabas fotografías de niños rodeados de imágenes de santos.

En el segundo subterráneo las urnas eran grandes y negras. Tenía un candelabro en la misma disposición de la sala superior; pero si las velas de arriba se habían desgastado, las de abajo, según la descripción de Luis, parecían estalactitas las adheridas al flamero, mientras que las goteadas hasta el suelo eran como estalagmitas. Todas estas descripciones eran señales de una intensa actividad espiritista. En las paredes había fotografías de personas con alfileres. Sobre una repisa se ubicaba una réplica en cerámica de María Lionza, como de medio metro, rodeada de figuras de menor tamaño, entre las cuales se destacaban Negro Primero, un indio con una hacha, y muchas otras estatuillas que Luis no conocía.

De la muchedumbre saltó una pregunta:

—¿Abriste las urnas?

—¡Claro!

—¿Qué viste?

—Muñecos de trapo.

 

6

Luego de saberse los detalles del rancho macabro del juego de la pelota, la noticia fue motivo de murmuraciones en las tertulias de los mercedenses.

Algunos vecinos dijeron “que lo sabían”, porque sentían pasos en las madrugadas que se dirigían a la casa embrujada.

Los capitanes a posteriori nunca faltan.

 

 

 

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