CASAS Y COSAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO.
EL JUEGO DE LA PELOTA Y LA CASA EMBRUJADA .
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
El estadio de
Las Mercedes quedaba cerca del liceo Pedro Itriago Chacín en el sitio que una
vez se llamó Barrialito.
En ese estadio jugaban al béisbol los trabajadores
petroleros con sus respectivos equipos, pero también se realizaban “caimaneras”
o juegos entre equipos que se organizaban de manera ocasional. Participaban
adultos y jóvenes. Estos últimos formaban parte de la Corporación Criollitos de
Venezuela.
El béisbol era una atracción, por lo general, de los
domingos; pero también se efectuaba en días de semana.
2
En uno de esas contiendas beisbolísticas, una pelota
se salió del perímetro del estadio. Era algo frecuente, consecuencia de un jonrón o de un un foul fly. Lo cierto es que
cuando eso sucedía, una trulla de muchachos salía en estampida en busca de la
pelota.
La pelota cayó por la ventana de una casita de barro, bahareque y cinz.
3
Luego de tocar la puerta con insistencia, los vecinos
dijeron que la casa estaba deshabitada. Los muchachos forzaron la puerta y
entraron.
El rancho tenía una sala-cocina que comunicaba con un
cuarto. Supusieron que era un dormitorio. Entraron y se sorprendieron: en medio
del recinto, el piso de cemento tenía un agujero con forma de ataúd.
Del hoyo sobresalían los zancos de una escalera de madera.
Huyeron despavoridos para comunicar la noticia.
Al
rato regresó una trulla mayor: medio pueblo.
4
En
el cuartucho no cabía un alma más. —Es necesario bajar para ver qué hay allá
—dijo alguien. Todos guardaron silencio.
Luis,
un joven atrevido, amante del peligro (podía pasar a gran velocidad en
bicicleta por debajo de un camión cisterna de gasolina en movimiento) y de
aventuras descabelladas, se ofreció de voluntario.
Luis
bajó con una linterna por los peldaños de la escalera. A los pocos minutos gritó que había llegado a
una sala, pero que más abajo estaba otro hueco parecido al de arriba con otra
escalera que iba más profundo.
Era
un hoyo de dos pisos. Luis siguió bajando.
5
Cuando
volvió a donde estaba la multitud, Luis contó lo siguiente:
En el primer espacio subterráneo estaban dos
féretros pequeños de color blanco, colocados sobre unos ladrillos rojos. En
medio de los mismos se observaba un candelabro con signos de velas usadas. En
las paredes colgabas fotografías de niños rodeados de imágenes de santos.
En
el segundo subterráneo las urnas eran grandes y negras. Tenía un candelabro en
la misma disposición de la sala superior; pero si las velas de arriba se habían
desgastado, las de abajo, según la descripción de Luis, parecían estalactitas
las adheridas al flamero, mientras que las goteadas hasta el suelo eran como
estalagmitas. Todas estas descripciones eran señales de una intensa actividad
espiritista. En las paredes había fotografías de personas con alfileres. Sobre
una repisa se ubicaba una réplica en cerámica de María Lionza, como de medio
metro, rodeada de figuras de menor tamaño, entre las cuales se destacaban Negro
Primero, un indio con una hacha, y muchas otras estatuillas que Luis no
conocía.
De
la muchedumbre saltó una pregunta:
—¿Abriste
las urnas?
—¡Claro!
—¿Qué
viste?
—Muñecos
de trapo.
6
Luego
de saberse los detalles del rancho macabro del juego de la pelota, la noticia
fue motivo de murmuraciones en las tertulias de los mercedenses.
Algunos
vecinos dijeron “que lo sabían”, porque sentían pasos en las madrugadas que se
dirigían a la casa embrujada.
Los
capitanes a posteriori nunca faltan.