LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.




LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA
2014

sábado, 5 de abril de 2025

CABRUTA, LOS HÚSARES DE FERNANDO VII, Y LA CABEZA DE UN PATRIOTA COLOCADA EN UNA ESTACA PARA AMEDRENTAR. (1816)

 

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA.

CABRUTA, LOS HÚSARES DE FERNANDO VII, Y LA CABEZA DE UN PATRIOTA COLOCADA EN UNA ESTACA PARA AMEDRENTAR. (1816)

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra.

 

 Luego de la batalla de Butaque, en las cercanías de Santa Rita , con saldo negativo para los patriotas , los realistas deciden marchar hacia Cabruta con su destacamento de Húsares de Fernando VII. Los Españoles pensaban reunir sus fuerzas en Cabruta provenientes de varios sitios e incorporarlas a su división de Guayana para atacar a Cedeño, que se encontraba entre el Orinoco y el Caura. Eran tiempos difíciles para los defensores de la independencia. En 1816 los realistas atacaban sin cesar y tomaban duras medidas para evitar el avance patriota.  Así, por ejemplo , dos esclavos delatan a un zambo llamando Arévalo y por su traición son condecorados y declarados hombres libres . En cambio, el zambo patriota es pasado por las armas. El patriota Fernando Carabaño es capturado y pasado por las armas. Su cabeza fue colocada en un palo para amedrentar a quien se atreviera a desafiar la autoridad del rey . Con esa acción se regresaba a  una práctica empleada en la Edad Media.

 

viernes, 4 de abril de 2025

EL MATAPALO

 

CASAS Y COSAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

EL MATAPALO: REFUGIO DE FANTASMAS Y DESPECHADOS.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra.

Fotografía: Edmundo de Jesús Malaspina Guerra.


1

Al  final de la calle “19 de abril”, perpendicularmente con la calle Tropezón; y para más señas, en las inmediaciones de la alcaldía de Las Mercedes, hay una casa, cuyo azul claro han hecho más claro las lluvias y los soles del tiempo. Un matapalo cubre parte del techo de la casa que siempre ha funcionado como expendio de cervezas , llamado por razones obvias “Bar El Matapalo”. Pero el nombre se debe al matapalo viejo, ya desaparecido, varias veces más grande que el retoño de ahora.

2

En el patio del local funcionaba una gallera los domingos. El propio bar tenía unas sillas frente un mostrador, desde las cuales se veía unos estantes con el menú ofrecido a los consumidores:algunas latas de atún, pepitonas, diablitos y galletas de soda.  Don Pedro, un señor del Oriente del país que llegó a Las Mercedes con el auge petrolero, era el amo del establecimiento, y él mismo lo atendía. Hablaba poco, pero siempre con  humor en el preciso momento.  Nadie lo llamaba por su nombre de pila, preferían decirle “Costilla e palo”. Epíteto que él aceptaba con una sonrisa. Los más cercanos le decían, simplemente, “Costilla”.

3

Los clientes preferían tomar  las sillas y sentarse bajo la sombra del matapalo viejo, cuyo tronco tenía un enorme agujero, oscuro y misterioso. El misterio creció, luego que dos figuras fantasmagóricas emergieran  de las entrañas del foramen, una madrugada, antes del canto de los gallos.

Ambos espantos se cubrían de sábanas blancas, dijeron los asustados vecinos que se asomaron por las rendijas de sus ventanas. Los espectros movían sus alas y emitían sonidos guturales, mientras corrían de un lado a otro. La policía se movilizó, pero, muy prudentemente, cuando cesaron los gritos y se ausentaron los espectros. En la mañana las versiones que circulaban eran contradictorias. Los agarraron, eran un par de borrachos bromistas, decían unos. Otros, místicos y espiritistas, argumentaban que los aparecidos confirmaban lo que decían los más ancianos: de ese hueco salen muertos. Incluso, una vez escuché a unos de esos asiduos visitadores de las montañas de Sorte, proponerle a otro de sus congéneres, con la seguridad que concede la protección de ciertas ánimas, lo siguiente:

—Vamos al Matapalo para beber toda la noche hasta la salida de los fantasmas. De repente quieren  entregar una botija con morocotas.

4

Cierto día de jolgorio,  un cervecero solicitaba que le colocaran, una y otra vez, “La máquina de cortar tontos”, de moda en ese entonces. Cuando alguien le reclamó y le dijo que dejara “la ladilla” con ese disco, el hombre , ya entonado, le contestó:

—Esa canción es alegre, y uno bebe para alegrarse.

Don Pedro, que escuchaba la conversación, intervino:

—No siempre la gente bebe para alegrarse. En la pata de esa rocola ha llorado más de un despechao con canciones de Javier Solís...

Y al cabo de unos segundos, don Pedro agregó:

—Y jipiao.                                                           

martes, 1 de abril de 2025

LA LAGUNA DEL PUEBLO

 

 

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

LA LAGUNA DEL PUEBLO


 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

Para 1926 Las Mercedes del Llano  contaba con un  poco más de mil habitantes y la dificultad para abastecerlos de agua era cada día más  evidente; es por eso que durante el ardiente verano de ese año se decidió construir una laguna “a cuarenta metros del cementerio y a trescientos de la plaza Bolívar”.

Todos los habitantes  trabajaron para construir la laguna personalmente o pagando obreros. La tierra se extraía con pico, pala y parihuela. Con las primeras lluvias nació La Laguna del Pueblo, la cual además de cumplir las funciones para la cual fue construida, sirvió también de sitio para  el paseo y la  recreación.

El proceso de urbanización  de la ciudad hizo desaparecer nuestro depósito de agua artificial para dar paso a una de las barriadas más populosas: La Laguna, nombre que siempre recordará el esfuerzo mancomunado de los mercedenses en su lucha contra las sequías.

2

Los profesores de Biología nos enviaban a la laguna del pueblo para estudiar la flora y la fauna. Hacíamos, pues, “investigación científica”.

Una vez le pregunté a un anciano del lugar cómo aparecieron los peces en la laguna, y me contestó:

—Cayeron del cielo con un palo de agua...

3

Cuando desapareció la laguna, visité al amigo Freddy González para indagar qué pasó. Me dijo:

—Le abrieron una rendija, y por allí se fue...

 

 

 

(En la fotografía-haciendo un trabajo de biología en  1976- de izq. A der. Primera fila:  Edgardo Malaspina y Argentina Torres. Segunda fila: Elizabeth Coronado, Bety Morales, Hugo Celis, Maira Urquía y Elida Prado.)