RECUERDOS DE LAS MERCEDES DEL LLANO.
DIOS DICE: “AYÚDATE QUE YO TE AYUDO”.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
Este relato lo escuché en el matadero de Las Mercedes
del Llano, mientras esperaba a mi padre,
quien realizaba sus diligencias de carnicero.
1
El tío y el sobrino regresaban de haber comprado una
vaca en una de las fincas cercanas al pueblo.
Ambos trabajaban de carniceros y la compra se había cerrado en
condiciones ventajosas. La vaca daría buenas ganancias luego de ser
sacrificada. El animal que movía su cola y bramaba de cuando en vez en la jaula
del camión pronto dejaría de ser un todo para multiplicarse en sus partes,
expuestas en un refrigerador en forma de finos cortes de pulpa negra,
chocozuela, paleta, lomito y un largo listado de las diversas manifestaciones
de la tentación de la carne.
2
Mientras conversaban animadamente y atravesaban la
polvorienta carretera de granzón, olvidaron un detalle: la vaca tenía un hierro
en su cuero que no estaba registrado en la papeleta de compraventa. Tal vez no
hablaban del asunto para no invocar la materialización de las energías
negativas que revolotean dentro de nosotros, pero que a veces saltan si las
provocas y se transforman en funestas realidades. Pero,
si algo malo puede pasar,
pasará. Ley de Murphy.
3
Divisaron una alcabala. El sobrino que conducía el
camión frenó en seco, lanzando una profecía oculta e inoportuna, un latigazo de
pesimismo retardado: ¡Yo lo sabía!
El tío no se inmutó, se puso al volante y lo instó a
actuar con firmeza:
—¡Anda y cubre con bosta el hierro que no aparece en
los papeles!
4
Y en un acto fugaz de marroquinería preventiva, el
cuero de la vaca dejó de mostrar la preocupante marca supernumeraria.
5
El tío, entonces, citó el proverbio, contundentemente
cierto, pronunciado por el propio Dios, pero excluido de los Libros
Sapienciales: ¡Ayúdate que yo te ayudo!
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