LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.




LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA
2014

viernes, 7 de agosto de 2026

OLDMAN BOTELLO Y LAS MERCEDES DEL LLANO

 

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

 

OLDMAN BOTELLO Y LAS MERCEDES DEL LLANO

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

En sus investigaciones sobre la historia nacional, la macro y la micro, Oldman Botello abordaba en primer lugar los temas referentes a los orígenes de nuestros pueblos.  Por eso, cuando tenía alguna información sobre Las Mercedes del Llano, inmediatamente la compartía con nosotros sin mezquindades o la divulgaba en cualquiera de nuestros foros.

En el III Encuentro de Cronistas e Historiadores Guariqueños celebrado en Las Mercedes el 6 de agosto de 1994, habló de su descubrimiento, mientras hurgaba en el Archivo General de Indias en 1975, de un mapa   del área donde se ubica nuestro pueblo. En su ponencia intitulada “ El área de Las Mercedes del Llano y El Calvario en un plano del siglo XVIII”, nos explicó que el mapa fue elaborado   en El Punzón el 28 de junio de 1778 por Pedro Vitores de la Cueva . Además del hato El Punzón, allí se nombran sitios como Los Aceites, Hato Viejo, Mata de Herrera , Palmasola, Palacio, Morichal Grande, La Piragua, Caño de Guabinitas y Caño del Medio.

 

2

El 27 de agosto de 2004 se realizó en Las Mercedes del Llano el Primer Encuentro de Geohistoria del Municipio, tipo de eventos propugnados por el doctor Adolfo Rodríguez, Cronista Mayor del Guárico. En esta ocasión Oldman Botello habló de alguno toponímicos indígenas del área mercedense : Cabruta derivado del cacique cabriti, Terecay, Aguaro, etc.

 

3

 En el 2011, Botello nos habló de la historiadora española Virginia Calvente, quien posee documentos antiguos sobre nuestros pueblos. En esos papeles, que datan de 1747, se citan lugares conocidos por nosotros los mercendenses: El Calvario, Belén, Santa Rita, Mocapra y el hato La Merced (en otro aparte se habla del hato Las Mercedes). Estas últimas dos denominaciones (La Merced y Las Mercedes) pueden sugerir que el nombre del pueblo puede tener un origen más antiguo que el relacionado con don Jorge Carpio. Pudiera ser también que don Jorge Carpio sabía de la existencia del hato Las Mercedes y tuvo entonces motivos históricos, sentimentales y familiares para reafirmar ese nombre en la fundación. El nombre, entonces, sería una reminiscencia histórica, transmitida de generación en generación por el inconsciente colectivo.

4

Por último, Oldman Botello me recordó en una misiva en el 2018 que se “cumplían 80 años de haber sido elevado a la categoría de municipio del antiguo distrito Infante, el caserío Las Mercedes, hoy Las Mercedes del Llano; el decreto lo firmó el general Emilio Arévalo Cedeño, presidente del estado Guárico, luego de las diligencias de la Asamblea Legislativa”.

 

 

 

 

lunes, 3 de agosto de 2026

EL GATO NEGRO Y LA MEDIA VUELTA.

 

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA.

 

EL GATO NEGRO Y LA MEDIA VUELTA.

 


 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

 

Don Antonio era un comerciante muy conocido en el pueblo. Durante muchos años había trabajado con esfuerzo y dedicación hasta convertir su pequeña tienda en una bodega bien surtida. En sus amplios estantes podían encontrarse toda clase de productos alimenticios: arroz, frijoles, azúcar, café, harina, aceite y conservas. También vendía utensilios para el hogar y el trabajo, como ollas, platos, cubiertos, palas, machetes, baldes y muchas otras herramientas que los habitantes necesitaban para sus labores diarias.

 

Por la oferta de mercancías variadas y disímiles, el expendio de don Antonio era una pulpería en la acepción más castiza y colonial del término.

 

2

Su negocio siempre estaba lleno de clientes. Desde muy temprano llegaban campesinos, amas de casa y viajeros para hacer sus compras. Gracias a su honestidad y amabilidad, don Antonio se había ganado el respeto de todos. La bodega estaba ubicada junto a su casa, más allá del barrio Los Paraguitos, lo que le permitía atender el negocio sin alejarse de su familia

3

Un Miércoles Santo, don Antonio le dijo a su esposa e hijos:

—Mañana nos vamos para Agua Blanca. Estaremos hasta el Domingo de Resurrección  en nuestra parcela. Ya le envié un mensaje a Casaguita para que me mande a limpiar el rancho.

 

Agua Blanca era, y es todavía, un riachuelo de aguas transparentes a treinta kilómetros del pueblo, y  cuyas riberas arboladas y sombrías son genuinos parajes  acogedores, mitigadores de los calores de marzo. La belleza del paisaje, el clima agradable y  la cercanía al pueblo convierten a Agua Blanca en el balneario preferido de los mercedenses en los días santos.

 

De Casaguita diremos que era un conocido comerciante de Agua Blanca, famoso por un  bar, diligentemente atendido por él mismo

 

4

Durante toda la tarde prepararon el viaje. Empacaron alimentos, frutas, pan, carne para  la parrilla, bebidas, utensilios de cocina y varias hamacas para colgar bajo la sombra de los árboles. También llevaron mantas, linternas y pelotas para voleibol de playa.

 

Cuando todo estuvo listo, acomodaron cuidadosamente el equipaje en el camión. El vehículo quedó cargado con los bastimentos y todo lo necesario para pasar varios días  agradables  en contacto con la naturaleza.

 

Como querían aprovechar el fresco de la madrugada y llegar temprano al riachuelo, decidieron acostarse temprano. Esa noche todos se durmieron ilusionados, imaginando el sonido del agua, el canto de los pájaros y la tranquilidad del campo.

 

5

A las tres de la mañana sonó el despertador. Aunque todavía estaba oscuro, la familia se levantó con entusiasmo. Mientras la esposa preparaba el café, los niños, todavía adormilados, se acomodaban en el camión envueltos en sus cobijas.

 

Don Antonio  abrió el capó, revisó la batería, chequeó el tanque de la gasolina, comprobó que todo estuviera en orden y puso el vehículo en marcha. El motor rugió suavemente y el camión comenzó a avanzar por la calle Páez, solitaria y  silenciosa.

6

Cuando se acercaban al bar de doña Güedita, un gato negro apareció inesperadamente y cruzó con rapidez  frente al camión.

Don Antonio frenó de inmediato. Se quedó inmóvil sujetando el volante con fuerza mientras observaba al animal desaparecer entre las sombras.

Su rostro cambió por completo.

 

7

Don Antonio siguió manejando, pero se desvió hacia la callejuela que comunicaba con el bar de Simón Chire. Por el lado izquierdo vio el patio de bolas de don Miche. Miró con un dejo de aturdimiento y tristeza el anuncio colgante sobre un poste: Bar La Peñita. Por el lado derecho vio las puertas cerradas del bar Los Tigres. Continuó con desgano al volante y detuvo el camión frente a su casa, en el sitio  que ocupaba siempre.

 

 

 

 

8

 

—No podemos seguir —dijo con voz seria don Antonio.

 

Su esposa lo miró sorprendida.

 

—¿Por qué? ¿Qué sucede?

 

—Ese gato negro acaba de cruzarse en nuestro camino. Es una mala señal. Si continuamos, algo malo puede pasarnos. Hoy es Jueves Santo. Eso le da más peso a mis presagios

 

9

Alguien contó esta anécdota en el bar restaurante “El hijo de la medianoche”. Alfonso Malaspina, dueño del local, intervino y dijo:

 

    Antonio es un hombre muy trabajador y honrado, pero es muy cabuloso y creyente de la brujería, los males echados y la  santería, aunque no es de los que sacrifican animales; al contrario, compra morrocoyes para liberarlos a su ambiente natural...

 

 

Fuente: Edmundo de Jesús Malaspina Guerra.

 

sábado, 23 de mayo de 2026

DON MARCELO: ¡UN HOMBRE ARDE POR EL DEDO GORDO!

 

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA.

 

DON MARCELO: ¡UN HOMBRE ARDE POR EL DEDO GORDO!




Edgardo Rafael Malaspina Guerra.

1

Todas las tardes pasaba don Marcelo cerca de nosotros, jovenzuelos que en la avenida jugábamos o echábamos cuentos.   Su andar era inseguro y lento. Arrastraba los pies. Su pelo, su bigote y su barba eran muy blancos. En una mano llevaba una bolsa de alimentos y con la otra sostenía su bastón: un palo seco cualquiera. Hablaba en voz alta consigo mismo con frecuencia; era un anciano cuerdo que no desvariaba, solo recitaba sus recuerdos.

2

Don Marcelo vivía solo en un cuarto de la vecina, doña Julia, que decía haber bailado joropo con Simón Bolívar, en clara confusión del Libertador con unos de esos jefes de cualquier alzamiento militar que arrasaban con las pocas viandas de los habitantes de un pueblo cuando sus caballos se detenían por allí para el descanso : festines con abundante aguardiente.

Doña Julia un día entró a la sala de nuestra casa. Vio un retrato de Bolívar y dijo:

Ese llegó una vez con sus hombres. Se comieron todo lo que tenía en la venta y no me pagaron. Montaron un sarao con un arpa. Tuve que bailar escobillao con ese general.

3

Una vez don Marcelo se cayó de bruces. Nosotros lo levantamos inmediatamente. Su decrépita indefensión no le permitió ni siquiera interponer sus manos entre el asfalto ardiente y su rostro. Sangraba por la boca y la nariz. Lo limpiamos con un trapo. De lejos alguien gritó:

—No lo ayuden, que la está pagando. Era un gendarme del régimen en los campos de trabajos forzados, en Palenque, del régimen de Gómez.

Don Marcelo volteó hacia donde provenían los gritos imprecatorios y con su débil voz nos dijo:

—Yo solo cumplía con mi trabajo honrado: cargaba los cadáveres en un carretón, les quitaba los grillos de las patas y los quemaba. Les hacía un corte en el dedo gordo del pie y les acercaba un fósforo. Inmediatamente ardían. ¡Un hombre arde por el dedo gordo!

 

 

 

 

 

 

domingo, 17 de mayo de 2026

LOS PÁJAROS EN NUESTRA CASA DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

  

LOS PÁJAROS EN NUESTRA CASA DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

En nuestra casa de Las Mercedes del Llano teníamos muchos pájaros enjaulados, y esa población creció cuando llegó la tía Carolina, desde Santa María de Ipire, con sus propias aves: arrendajos, canarios, turpiales, azulejos, pericos y otras que no preciso ahora. El arrendajo solía imitar el cacareo, el canto de los gallos, el chirrido de una sierra cortando madera y hasta el aullido del mono del señor Pipo, que andaba por allí de casa en casa cometiendo fechorías hasta que saltó sobre el tendido eléctrico y cayó fulminado.

2

En el grupo de los turpiales había uno que no era tal; y eso lo entiendo ahora porque su canto y colores son inconfundibles. Se trata del gonzalito. Isaac Pardo en su maravilloso libro “Esta tierra de gracia” afirma que su nombre proviene del conquistador Garci González de Silva (1546-1625), quien usaba un penacho de plumas amarillas y negras.

García González de Silva se hizo famoso y “… la gente llamaba “gonzalito” a un pájaro canoro que lucía por las enramadas su plumaje amarillo y negro”.

 

 

 

 

 

 

martes, 31 de marzo de 2026

 

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA.

PICAR TROYA.






Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

 

 

1

La Semana Santa era una mezcla de creencias, religiosas y supersticiosas. La abuela Matilde decía que las lluvias, unos días antes de iniciarse la Semana Mayor, era para que maduraran las ciruelas, y también para que salieran los morrocoyes.

En Semana Santa no todo era recogimiento y oración. Como en el Eclesiastés había un tiempo para cada cosa. Las actividades ociosas y divertidas, que terminaban con la quema de Judas, incluían juegos de mesa,  y competencias  a cielo abierto en la calle o en los patios de las casas.

2

Se jugaba al “trompito”, una variante del juego de los dados. Era una diversión dentro de la casa.

Picar Troya era una distracción  de jóvenes y adultos. Se picaba troya en la avenida. El juego, en realidad, es una variante de una guerra. “Arder Troya” es una expresión homérica. Está en la Ilíada. Pero los trompos existían antes de la llegada de los españoles. Nuestros indios jugaban al trompo y a la zaranda.

3

Antes de iniciar el juego de troya  se dibujaba un círculo en el suelo, y luego cada participante lanzaba su trompo. La idea era golpear el trompo que yacía sobre un círculo. Antes se había establecido el recorrido de la competencia. El trompo perdedor era maltratado  por los otros trompos. Recibía mazazos con la punta metálica del trompo castigador, sostenido por su propio guaral.

Antes podía pactarse el “perrito pegón, maceta”, es decir, si el trompo castigador dejaba su punta clavada sobre el trompo perdedor, se recurría a un objeto pesado para rematar la acción. Por lo general, el trompo perdedor terminaba dividido en dos partes.

4

Había trompos serenitos, cuyo baile era equilibrado y uniforme, como si bailasen un pasaje. Había también trompos “taratateros”, desajustados y estridente, como si bailasen un joropo recio.

5

Había trompos de fábrica, bien pintaditos con su respectivo cordel.  Pero también había trompos caseros, fabricados por manos expertas. Muchas veces no estaban pintados y lucían el color original de la madera con la cual los esculpieron. Se bailaba con un mecatillo. Cuando este tipo de trompos tenía gran tamaño se les dominaba “batata”.

6

Otro juego consistía en tomar un trompo en pleno baile y pasarlo a una mano para que siguiera su danza. El trompo también podía ser colocado sobre una uña, pero esto era  máxima destreza de prestidigitador. A Carlos,mi hermano maayor, nadie le ganaba en esta peculiar forma del juego de los trompos.

¡Cógeme ese trompo en la uña! Es una expresión para retar a una persona a cualquier cosa.

7

Bailar zarandas era un espectáculo de lujo muy concurrido. Las zarandas se hacía con calabazas secas, y bailarlas era cosa de maestros. A la zaranda en pleno baile se le lanzaba un trompo para tratar de romperla. Generalmente, los trompos eran las batatas.

Estas exhibiciones, mezcla de muy logrado arte  y talento natural, las vi en el patio de la tía Rogelia.

Nunca olvido el siguiente episodio. Había un señor que andaba en una bicicleta de reparto, no recuerdo su ocupación, que participaba en un juego de zarandas. Se llamaba Evaristo, y por sus labios pronunciados le decían “Evaristo El Trompú”, sobrenombre que no lo perturbaba. Un día alguien lanzó su batata a una zaranda. La batata rebotó y cayó sobre la frente de Evaristo El Trompú. Salió un hilo de sangre, lo que ameritó la muy oportuna intervención de don Cecilio Chire, quien le aplicó, según lo dijo él mismo, “una pellá de chimó”. Un tratamiento, de la medicina  alternativa, de evidente procedencia indígena.

 

 

 

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA.

PICAR TROYA.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

 

 

1

La Semana Santa era una mezcla de creencias, religiosas y supersticiosas. La abuela Matilde decía que las lluvias, unos días antes de iniciarse la Semana Mayor, era para que maduraran las ciruelas, y también para que salieran los morrocoyes.

En Semana Santa no todo era recogimiento y oración. Como en el Eclesiastés había un tiempo para cada cosa. Las actividades ociosas y divertidas, que terminaban con la quema de Judas, incluían juegos de mesa,  y competencias  a cielo abierto en la calle o en los patios de las casas.

2

Se jugaba al “trompito”, una variante del juego de los dados. Era una diversión dentro de la casa.

Picar Troya era una distracción  de jóvenes y adultos. Se picaba troya en la avenida. El juego, en realidad, es una variante de una guerra. “Arder Troya” es una expresión homérica. Está en la Ilíada. Pero los trompos existían antes de la llegada de los españoles. Nuestros indios jugaban al trompo y a la zaranda.

3

Antes de iniciar el juego de troya  se dibujaba un círculo en el suelo, y luego cada participante lanzaba su trompo. La idea era golpear el trompo que yacía sobre un círculo. Antes se había establecido el recorrido de la competencia. El trompo perdedor era maltratado  por los otros trompos. Recibía mazazos con la punta metálica del trompo castigador, sostenido por su propio guaral.

Antes podía pactarse el “perrito pegón, maceta”, es decir, si el trompo castigador dejaba su punta clavada sobre el trompo perdedor, se recurría a un objeto pesado para rematar la acción. Por lo general, el trompo perdedor terminaba dividido en dos partes.

4

Había trompos serenitos, cuyo baile era equilibrado y uniforme, como si bailasen un pasaje. Había también trompos “taratateros”, desajustados y estridente, como si bailasen un joropo recio.

5

Había trompos de fábrica, bien pintaditos con su respectivo cordel.  Pero también había trompos caseros, fabricados por manos expertas. Muchas veces no estaban pintados y lucían el color original de la madera con la cual los esculpieron. Se bailaba con un mecatillo. Cuando este tipo de trompos tenía gran tamaño se les dominaba “batata”.

6

Otro juego consistía en tomar un trompo en pleno baile y pasarlo a una mano para que siguiera su danza. El trompo también podía ser colocado sobre una uña, pero esto era  máxima destreza de prestidigitador. A Carlos nadie le ganaba en esta peculiar forma del juego de los trompos.

¡Cógeme ese trompo en la uña! Es una expresión para retar a una persona a cualquier cosa.

7

Bailar zarandas era un espectáculo de lujo muy concurrido. Las zarandas se hacía con calabazas secas, y bailarlas era cosa de maestros. A la zaranda en pleno baile se le lanzaba un trompo para tratar de romperla. Generalmente, los trompos eran las batatas.

Estas exhibiciones, mezcla de muy logrado arte  y talento natural, las vi en el patio de la tía Rogelia.

Nunca olvido el siguiente episodio. Había un señor que andaba en una bicicleta de reparto, no recuerdo su ocupación, que participaba en un juego de zarandas. Se llamaba Evaristo, y por sus labios pronunciados le decían “Evaristo El Trompú”, sobrenombre que no lo perturbaba. Un día alguien lanzó su batata a una zaranda. La batata rebotó y cayó sobre la frente de Evaristo El Trompú. Salió un hilo de sangre, lo que ameritó la muy oportuna intervención de don Cecilio Chire, quien le aplicó, según lo dijo él mismo, “una pellá de chimó”. Un tratamiento, de la medicina  alternativa, de evidente procedencia indígena.

 

 

domingo, 29 de marzo de 2026

RITUALES DE SEMANA SANTA

 

 

MEMORIAS MERCEDENSES.

 

RITUALES DE SEMANA SANTA EN MIS EVOCACIONES INFANTILES.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 


 

1

La Semana Santa era y sigue siendo tiempo para la reflexión y el recogimiento espiritual. Con la  bendición de los ramos se iniciaba la conmemoración religiosa. Seguían las misas y las procesiones con la escenificación del Via Crucis.

Todo era solemnidad. Un Jueves Santo vimos cómo el “comisionado del trabajo”, un señor parecido a Quincy Magoo, el personaje de los dibujos animados con problemas de la vista, bajó de su carromato y mandó a cerrar todos los negocios del pueblo. Se paró cerca de las acacias de la avenida y vociferó a los cuatro vientos: ¡Pecadores, no respetan la memoria del hombre más grande de la humanidad! ¡Hoy es un día sagrado, nadie debe trabajar!

 

2

En la casa, mamá escuchaba la Pasión de Cristo por Radio Rumbos. Arquímedes Rivero interpretaba a Jesús. Yo decía para mis adentros: ¡Caramba, Cristo es bondad y amor! No pudo hablar así, como habla Arquímedes Rivero, en ese tono soberbio y arrogante de Martín Valiente, parecido al de un héroe vengador. Bueno, eso pensaba el niño que era yo.

 

 

3

Nosotros asistíamos al Cine Las Mercedes para ver, invariablemente,  una película: Vida, pasión y muerte de Jesucristo. La película era tan vieja que se interrumpía de tiempo en tiempo  porque el rollo se partía. Entonces debíamos esperar a  que Polo o Pelón, los proyeccionistas de aquellos lejanos días, empataran la cinta. Claro, en ese ínterin, los cinéfilos formábamos un escándalo. Por estas razones (las interrupciones por la fragilidad del rollo y los chiflidos de los asistentes), comparo al Cine de Las Mercedes con Cinema Paradiso, la inmortal película italiana llena de ternura y nostalgia.