LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA.
EL GATO NEGRO Y LA MEDIA VUELTA.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Don Antonio era un comerciante muy conocido en
el pueblo. Durante muchos años había trabajado con esfuerzo y dedicación hasta
convertir su pequeña tienda en una bodega bien surtida. En sus amplios estantes
podían encontrarse toda clase de productos alimenticios: arroz, frijoles,
azúcar, café, harina, aceite y conservas. También vendía utensilios para el
hogar y el trabajo, como ollas, platos, cubiertos, palas, machetes, baldes y
muchas otras herramientas que los habitantes necesitaban para sus labores
diarias.
Por la oferta de mercancías variadas y
disímiles, el expendio de don Antonio era una pulpería en la acepción más
castiza y colonial del término.
2
Su negocio siempre estaba lleno de clientes.
Desde muy temprano llegaban campesinos, amas de casa y viajeros para hacer sus
compras. Gracias a su honestidad y amabilidad, don Antonio se había ganado el
respeto de todos. La bodega estaba ubicada junto a su casa, más allá del barrio
Los Paraguitos, lo que le permitía atender el negocio sin alejarse de su
familia
3
Un Miércoles Santo, don Antonio le dijo a su
esposa e hijos:
—Mañana nos vamos para Agua Blanca. Estaremos
hasta el Domingo de Resurrección en
nuestra parcela. Ya le envié un mensaje a Casaguita para que me mande a limpiar
el rancho.
Agua Blanca era, y es todavía, un riachuelo de
aguas transparentes a treinta kilómetros del pueblo, y cuyas riberas arboladas y sombrías son genuinos
parajes acogedores, mitigadores de los
calores de marzo. La belleza del paisaje, el clima agradable y la cercanía al pueblo convierten a Agua
Blanca en el balneario preferido de los mercedenses en los días santos.
De Casaguita diremos que era un conocido
comerciante de Agua Blanca, famoso por un
bar, diligentemente atendido por él mismo
4
Durante toda la tarde prepararon el viaje.
Empacaron alimentos, frutas, pan, carne para la parrilla, bebidas, utensilios de cocina y
varias hamacas para colgar bajo la sombra de los árboles. También llevaron
mantas, linternas y pelotas para voleibol de playa.
Cuando todo estuvo listo, acomodaron
cuidadosamente el equipaje en el camión. El vehículo quedó cargado con los
bastimentos y todo lo necesario para pasar varios días agradables en contacto con la naturaleza.
Como querían aprovechar el fresco de la
madrugada y llegar temprano al riachuelo, decidieron acostarse temprano. Esa
noche todos se durmieron ilusionados, imaginando el sonido del agua, el canto
de los pájaros y la tranquilidad del campo.
5
A las tres de la mañana sonó el despertador.
Aunque todavía estaba oscuro, la familia se levantó con entusiasmo. Mientras la
esposa preparaba el café, los niños, todavía adormilados, se acomodaban en el
camión envueltos en sus cobijas.
Don Antonio
abrió el capó, revisó la batería, chequeó el tanque de la gasolina,
comprobó que todo estuviera en orden y puso el vehículo en marcha. El motor
rugió suavemente y el camión comenzó a avanzar por la calle Páez, solitaria
y silenciosa.
6
Cuando se acercaban al bar de doña Güedita, un
gato negro apareció inesperadamente y cruzó con rapidez frente al camión.
Don Antonio frenó de inmediato. Se quedó inmóvil
sujetando el volante con fuerza mientras observaba al animal desaparecer entre
las sombras.
Su rostro cambió por completo.
7
Don Antonio siguió manejando, pero se desvió
hacia la callejuela que comunicaba con el bar de Simón Chire. Por el lado
izquierdo vio el patio de bolas de don Miche. Miró con un dejo de aturdimiento
y tristeza el anuncio colgante sobre un poste: Bar La Peñita. Por el lado derecho
vio las puertas cerradas del bar Los Tigres. Continuó con desgano al volante y
detuvo el camión frente a su casa, en el sitio
que ocupaba siempre.
8
—No podemos seguir —dijo con voz seria don
Antonio.
Su esposa lo miró sorprendida.
—¿Por qué? ¿Qué sucede?
—Ese gato negro acaba de cruzarse en nuestro
camino. Es una mala señal. Si continuamos, algo malo puede pasarnos. Hoy es
Jueves Santo. Eso le da más peso a mis presagios
9
Alguien contó esta anécdota en el bar restaurante
“El hijo de la medianoche”. Alfonso Malaspina, dueño del local, intervino y
dijo:
—
Antonio es
un hombre muy trabajador y honrado, pero es muy cabuloso y creyente de la
brujería, los males echados y la
santería, aunque no es de los que sacrifican animales; al contrario,
compra morrocoyes para liberarlos a su ambiente natural...
Fuente: Edmundo de Jesús Malaspina Guerra.