LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.




LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA
2014

martes, 23 de noviembre de 2021

GUILLERMO MORÓN

 


GUILLERMO MORÓN: UN GRAN AMIGO DE LA CULTURA GUARIQUEÑA

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

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Murió Guillermo Morón (1926-2021), uno de los últimos enciclopedistas venezolanos y gran amigo de las instituciones culturales guariqueñas. En 1996, cuando yo presidía Fundaculgua, recibió a una delegación de la directiva de esta institución, conformada por Pedro Sivira, Sully Arveláiz y mi personas en sus oficinas en Caracas. Recientemente había abandonado la dirección de la Academia Nacional de la Historia (1986 -1995), y a ahora presidía el Departamento de Publicaciones de esa entidad. Nos recibió cálidamente, nos dio muchos consejos emanados de su experiencia como gerente cultural , y nos obsequió cientos de libros que fueron distribuidos entre los diferentes entes educativos de nuestra región.

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En el 2001, siendo yo director del Decanato de Postgrado de la Universidad Rómulo Gallegos, el doctor Guillermo Morón nos hizo una importante donación para la Biblioteca de la Unerg, a través de los buenos oficios del doctor Adolfo Rodríguez, Cronista Mayor del Guárico. En un acto realizado en la Casona Universitaria , Morón nos entregó la hermosa y lujosa colección de la Historia General de América, iniciada por Mariano Picón Salas en 1943 y continuada por él desde 1973. La mencionada colección favorecía en primer lugar la alforja bibliográfica de la Maestría en Historia de Venezuela.

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En su discurso Morón expresó: “A la Unerg no le queda otro remedio que incursionar en la Filosofía del pensamiento. El pensamiento no es otra cosa sino la Historia, y la Historia no es otra cosa sino la Filosofía, y la Filosofía del pensamiento es en consecuencia también parte de lo que se estudia desde el punto de vista técnico, tecnológico o científico. Por eso es que la Historia es la madre de todas las ciencias”.

 

 

 

 

 

 

jueves, 1 de julio de 2021

DOS PROMINENTES MÉDICOS Y LA FAMILIA MALASPINA

 


DOS MÉDICOS PROMINENTES Y LA FAMILIA MALASPINA:

JOSÉ FRANCISCO TORREALBA : UN MÉDICO DE TRES GENERACIONES MALASPINA Y JULÍAN MORALES ROCHA: UN BRILANTE MAESTRO DE LA CARDIOCIRUGÍA.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

 

 

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El doctor José Francisco Torrealba, sabio y científico de la Medicina, inició el ejercicio de su profesión   en un consultorio que estaba ubicado en una de las casas de Elvira de Malaspina en Santa María de Ipire; desde esos tiempos viene la relación de Torrealba con la familia Malaspina.

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Torrealba fue el médico de tres generaciones de la familia Malaspina. Michelle Malaspina, el fundador de la estirpe, fue paciente de Torrealba quien le prescribía “unos polvos para sus males”, según afirma el escritor italiano Renato Tarello en su libro publicado en Turín en 1964 “Torrealba. Mundo torrealbero”.

Alfonso Malaspina fue examinado por su aspecto retraído. Torrealba le recetó miel de Arica con la recomendación de “buscar mujeres”. Consejo que se tomó mi padre muy en serio.

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Desde los cinco años Edgar empezó a sufrir “de unas asfixias”. Mi padre visitó casi todos los médicos de la región. La conclusión era unánime: El niño sufría de asma bronquial. Los medicamentos se aplicaron correctamente: los tomados y los nebulizados, pero los ataques persistían con la consecuente dificultad para respirar. Mi padre tomó la decisión de visitar al doctor Torrealba, allá en san Juan de los Morros.

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Encontraron a Torrealba en su casa-consultorio que también era laboratorio, zoológico o bioterio.

-¿Qué te trae por aquí, Alfonso?

-Este muchacho tiene unos ataques que no se le quitan con nada. Tiene mala respiración y se pone la piel de otro color. Está pálido y no engorda.

-Vamos a examinarlo.

Torrealba se levantó de la hamaca. Andaba en chancletas. Apagó el tabaco y le quitó la camisa a Edgar.

Pasó el fonendoscopio por el pecho y por la espalda. Hizo un barrido milimétrico de esas partes del cuerpo, arrastrando la membrana del instrumento sin levantarla , mientras pedía al paciente que detuviera la respiración por unos segundos, para luego solicitar que tosiera. Mas tarde Torrealba se introdujo en el interior de su casa y regresó con un vaso de chocolate. Se lo entrego al niño y le dijo: Vas a beber cuando yo te diga.

Y así fue. Torrealba decía: ¡Traga!, y mientras el niño bebía, Torrealba repetía todo lo que había hecho con su fonendoscopio cuando empezó el examen.

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Torrealba se echó en su hamaca y le dijo a mi padre:

-Lo de ese muchacho es de operación. Tiene una cardiopatía congénita, eso que la gente llama un soplo en el corazón. Se lo vas a llevar al doctor Morales Rocha con esta referencia mía.

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Mi padre se entrevistó con el doctor Morales Rocha allá en Caracas quien lo atendió con gran deferencia. A los pocos días Edgar fue hospitalizado para realizar los exámenes preoperatorios y ser sometido a la intervención quirúrgica requerida.

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Mi padre recordaba estos hechos como una situación “de muchos nervios”, acentuada por la conversación que sostuvo con alguien en el hospital que le informo sin que le preguntaran nada “que hace poco murió una niña que fue operada de los mismo que tiene su niño”.

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La operación de Edgar fue todo un éxito y regresó con unas suturas que le cubrían parte del pecho y de la espalda. Más nunca se presentaron las asfixias.

El doctor Morales Rocha no cobró ni un centavo por sus servicios médicos.

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Un día estaba yo en el Palacio de las Academias en Caracas. Empecé a hablar con un señor cuyo parecido con Hipócrates me pareció sorprendente. El anciano me habló de Torrealba, José Gregorio Hernández y de su tio José Pepe Izquierdo. Era el doctor Francisco Plaza Izquierdo, destacado cirujano venezolano. En ese entonces ocupaba la presidencia de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina. Me animó a presentar mis credenciales ante la institución que presidía, lo cual hice . Con el tiempo alcancé   a ser Individuo de Número de esa corporación.

El doctor Plaza Izquierdo me obsequió varios libros de su autoría, en los cuales encontré datos biográficos del doctor Morales Rocha a quien mi padre citaba como si fuese su amigo de toda la vida.  Esta información la complementé con otra que me proporcionó el doctor Juan José Puigbo, brillante cardiólogo e historiador de la cardiología mundial y nacional.

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DOCTOR JULIÁN MORALES-ROCHA EL PRIMERO EN COLOCAR UN MARCAPASOS CARDÍACO Y REALIZA EL PRIMER TRASPLANTE DE CORAZÓN EN VENEZUELA .

Julián Morales-Rocha (1914-1995), nacido en Valencia,  fue el más brillante de los cardiocirujanos venezolanos, Miembro de la Academia Nacional de la Medicina, institución de la cual fue su Secretario. Complementó sus estudios médicos ( iniciados en la Universidad Central de Venezuela)  en Cirugía Cardiovascular en varios hospitales de Estados Unidos, Francia, Suecia y Brasil. Trabajó en Hospital Vargas, Maternidad “Concepción Palacios”, Seguro Social Obligatorio, Cruz Roja Venezolana, Hospital Militar y Naval “Antonio José de Sucre”, todos en Caracas. Por riguroso ascenso fue Director del Hospital Central de las Fuerzas Armadas, llegando a obtener el grado de Coronel Asimilado. En la Universidad Central de Venezuela fue Profesor por Contrato y Director del Instituto de Cirugía Experimental. Dedicado especialmente a la cirugía cardiovascular fue el fundador de este Servicio en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas y en el Hogar Clínico Nuestra Señora de Guadalupe de los Hermanos de San Juan de Dios. Fue uno de los pioneros entre nosotros en cirugía cardiovascular, operación de Blalock-Taussig (Hospital Carlos J. Bello) realizando comisurotomías mitrales, tetralogía de Fallot, 1952, en el mismo hospital, colocación de válvulas, corrección de estenosis de la arteria pulmonar, utilización de oxigenadores de discos en humanos, de oxigenadores descartables, etc., en 1964 implantó por primera vez en Venezuela el marcapaso cardíaco

Realizó el primer intento de trasplante de corazón en nuestro país, el 17/9/1968 en el Hospital Militar de Caracas, también fue el primero en aplicar el riñón artificial, primera diálisis peritoneal, primeros ensayos sobre cámaras hiperbáricas, lobectomías hepáticas, etc. Publicó 61 trabajos científicos. Perteneció a varias sociedades científicas internacionales y nacionales. Recibió varias condecoraciones entre ellas la Orden del Libertador en el grado de Caballero, la Orden Francisco de Miranda, la Orden Rafael Urdaneta y dos condecoraciones internacionales.

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Edgar me solicitó una fotografía del doctor Torrealba. Yo le entregué un afiche donde el sabio está con su microscopio junto a una fotografía pequeña del médico santamarieño fumando su tabaco.

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Este breve escrito es un sencillo homenaje a la Venezuela grande: la de Julián Morales Roche y José Francisco Torreaba.

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 7 de marzo de 2021

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

 https://drive.google.com/file/d/1WL1b4GDnt0C01x4ONMKPbG2EzMgySp03/view?usp=sharing

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA. VERSIÓN EDITORIAL EL PERRO Y LA RANA

 LAS MERCEDES DEL LANO Y SU HISTORIA. EL PERRO Y LA RANA:https://drive.google.com/file/d/1WL1b4GDnt0C01x4ONMKPbG2EzMgySp03/view?usp=sharing



BERIBERI EN LAS MERCEDES DEL LLANO

 


                        

                                  https://drive.google.com/file/d/1WL1b4GDnt0C01x4ONMKPbG2EzMgySp03/view?usp=sharing

BERIBERI EN LAS MERCEDES DEL LLANO O       LAS IMPRESIONES DE UN VIAJERO

 

Edgardo R Malaspina Guerra

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José Manuel Sanchez, agente viajero, recorrió todo el país representando a muchas firmas comerciales. Nacido en 1887 transitó los polvorientos caminos de una Venezuela rural todavía sumida en guerras e intrigas políticas que cerraban las puertas hacia el progreso. En bestias, el viajero Sanchez visitó los pueblos de Venezuela para colocar sus mercancías en pulperías y otros establecimientos comerciales. En 1977 publicó sus interesantes memorias con el título de “Mis primeros noventa años”. Allí narra sus aventuras con muchas anécdotas y hechos históricos.

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Los pueblos del Guárico estuvieron en la ruta del agente viajero y Las Mercedes del llano no fue la excepción . Sanchez dice textualmente : “ En mi itinerario de viajero figuraba el pueblo de Las Mercedes, del Estado Guárico; lo fui a visitar con idea de permanecer dos días, suficiente tiempo para visitar y vender a los pocos comerciantes, ya que esta población era muy pequeña. Llegué después de seis horas de camino, y al entrar al poblado noté una soledad espantosa : ni una sola persona en la calle; llegando a la plaza oí una voz que salía del postigo de una ventana, que me dijo: ¡ joven, váyase de aquí, para que no muera como nosotros: ayer enterraron 57 y para el momento van 20 en lo que va del día! Atemorizado, inmediatamente emprendí el regreso, pero tuve que dormir a campo raso en la sabana, colgando el chinchorro de dos matas de chaparro, pues las bestias, tanto la mía como la del peón y las de las muestras, requerían descanso. Fue una noche muy animada con chillidos de monos que se mecían en una montañuela cercana a mi campamento. Después supe que una epidemia de beriberi fue la causa de la mortandad y casi desaparición del pueblo de Las Mercedes” .

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El beriberi es una enfermedad carencial debida a la insuficiencia de tiamina(Vit B 1) en la alimentación. Es una forma de neuritis con dolor, parálisis y edema de las extremidades. En el pasado se describieron en Venezuela varias epidemias con consecuencias mortales. En el Estado Guárico la enfermedad fue estudiada por el vallepascuense Ernesto Díaz Vargas , quien en 1902 hizo una tesis sobre el tema. En 1932 el calaboceño Héctor Landaeta Payares, uno de los pocos médicos guariqueños en la Academia Nacional de la Medicina, describió un caso de beriberi, y en 1933 Eduardo Célis Saune se refirió a ese mal que atacaba en Calabozo. Julio De Armas no lo nombra en sus investigaciones por el Guárico.

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No he encontrado datos que corroboren lo que escribió el viajero Sanchez. Jamás había oído sobre esa epidemia en Las Mercedes con tantas muertes. Por otro lado, no podemos excluir que haya sido un bromista que quiso estropearle su negocio. O tal vez sea una traición de la memoria del autor del libro “Mis primeros noventa años”, cuando damos como sucedido algo que jamás ocurrió con nosotros pero que aconteció con otra persona: alguna vez lo escuchamos y nuestro cerebro se apropió del hecho.

 

 

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