LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO: MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
LIBRO DE EDGARDO MALASPINA.




LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA

LAS MERCEDES DEL LLANO Y SU HISTORIA
2014

viernes, 9 de enero de 2026

EL MATADERO MUNICIPAL.

 

 

CASAS Y COSAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO.

 

EL MATADERO MUNICIPAL.






Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

El viejo matadero municipal, se ubicaba(todavía tiene vida útil) casi en las afueras del pueblo, cerca de la manga de coleo. Hasta allá llegábamos a pie cuando íbamos solos, pero la mayoría de las veces nos trasladábamos en carro con nuestro padre.

2

La estructura del matadero aparentaba ser maciza, hecha de bloques, aunque con techo de cinc, muchos ladrillos de ventilación y un gran portón central. En su patio trasero revoloteaban las aves de rapiña sobre cúmulos de huesos.

El matadero tenía su propio tanque surtidor de agua. Un enorme árbol cubría parte del caserón, lo que le daba un aspecto sombrío y misterioso  por las noches.

3

En interior del matadero era iluminado con unas bombillas de luces opacas. Allí el calor era sofocante por las calderas con agua hirviente.

En las afueras, los animales esperaban su turno en un corral estrecho, de esos que inspiraron, seguramente, a Singer para escribir su libro “Liberación animal”

Don Luis, un anciano de rostro patriarcal y hablar pausado, era el mejor la hora de aplicar la estocada final a una res. Eso se vociferaba en tono de alabanza. Uno asistía a ese espectáculo con morbosa curiosidad y captaba el preciso momento de la puñalada certera  sobre la nuca, el último bramido y la expansión trémula de las patas  hasta desparramarse totalmente y golpear el suelo con un golpe seco.

 Gaspar era otro de los matadores. Uno vez vi cómo recogía en un vaso la sangre que salía a borbotones de un animal degollado. Un hombre, supuestamente anémico, se bebió sin respirar la solución hemática.

4

En el matadero me inicié en un negocio muy exitoso. Papá me permitió recoger los cuajos de sus animales beneficiados, los cuales preparaba con abundante sal a la espera de los compradores. Eran tiempos cuando el queso llanero se hacía con el estómago de una vaca, cuyas cuatro partes sabía de memoria, gracias a las lecciones de la maestra Dalila.

5

La res dividida en dos grandes pedazos era traslada hasta las carnicerías en la camioneta verde de Rafael, chofer y carnicero. Yo vi varias veces como el acompañante de Rafael viajaba montado sobre el estribo derecho, y cuando el auto estaba a punto de llegar se lanzaba con elegancia y caía con una pose espectacular cinematográfica.

Una vez le pedí la cola a Rafael y quise imitar lo que hacía su segundo a bordo por fuera de la camioneta. Esperé el momento oportuno y me lancé del carro. Caí aparatosamente  sobre la acera de largo a largo. Los pantalones se rompieron por las rodillas y yo terminé con raspones por todas partes.

Al llegar a casa, Carlos, nuestro hermano amante de la física y las matemáticas, me dijo que he debido correr un poco, y me habló de las Leyes de Newton, que estudiaría más tarde   con el profesor Martín Aponte.

Fotografía: Edmundo de Jesús Malaspina Guerra.

 

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