CASAS Y COSAS DE LAS MERCEDES DEL LLANO.
EL MATAPALO: REFUGIO DE FANTASMAS Y DESPECHADOS.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra.
Fotografía: Edmundo de Jesús Malaspina Guerra.
1
Al final de la
calle “19 de abril”, perpendicularmente con la calle Tropezón; y para más
señas, en las inmediaciones de la alcaldía de Las Mercedes, hay una casa, cuyo
azul claro han hecho más claro las lluvias y los soles del tiempo. Un matapalo
cubre parte del techo de la casa que siempre ha funcionado como expendio de cervezas
, llamado por razones obvias “Bar El Matapalo”. Pero el nombre se debe al
matapalo viejo, ya desaparecido, varias veces más grande que el retoño de
ahora.
2
En el patio del local funcionaba una gallera los
domingos. El propio bar tenía unas sillas frente un mostrador, desde las cuales
se veía unos estantes con el menú ofrecido a los consumidores:algunas latas de
atún, pepitonas, diablitos y galletas de soda. Don Pedro, un señor del Oriente del país que
llegó a Las Mercedes con el auge petrolero, era el amo del establecimiento, y
él mismo lo atendía. Hablaba poco, pero siempre con humor en el preciso momento. Nadie lo llamaba por su nombre de pila,
preferían decirle “Costilla e palo”. Epíteto que él aceptaba con una sonrisa.
Los más cercanos le decían, simplemente, “Costilla”.
3
Los clientes preferían tomar las sillas y sentarse bajo la sombra del
matapalo viejo, cuyo tronco tenía un enorme agujero, oscuro y misterioso. El misterio
creció, luego que dos figuras fantasmagóricas emergieran de las entrañas del foramen, una madrugada,
antes del canto de los gallos.
Ambos espantos se cubrían de sábanas blancas, dijeron
los asustados vecinos que se asomaron por las rendijas de sus ventanas. Los
espectros movían sus alas y emitían sonidos guturales, mientras corrían de un
lado a otro. La policía se movilizó, pero, muy prudentemente, cuando cesaron
los gritos y se ausentaron los espectros. En la mañana las versiones que
circulaban eran contradictorias. Los agarraron, eran un par de borrachos
bromistas, decían unos. Otros, místicos y espiritistas, argumentaban que los
aparecidos confirmaban lo que decían los más ancianos: de ese hueco salen
muertos. Incluso, una vez escuché a unos de esos asiduos visitadores de las
montañas de Sorte, proponerle a otro de sus congéneres, con la seguridad que
concede la protección de ciertas ánimas, lo siguiente:
—Vamos al Matapalo para beber toda la noche hasta la
salida de los fantasmas. De repente quieren
entregar una botija con morocotas.
4
Cierto día de jolgorio, un cervecero solicitaba que le colocaran, una
y otra vez, “La máquina de cortar tontos”, de moda en ese entonces. Cuando
alguien le reclamó y le dijo que dejara “la ladilla” con ese disco, el hombre ,
ya entonado, le contestó:
—Esa canción es alegre, y uno bebe para alegrarse.
Don Pedro, que escuchaba la conversación, intervino:
—No siempre la gente bebe para alegrarse. En la pata
de esa rocola ha llorado más de un despechao con canciones de Javier Solís...
Y al cabo de unos segundos, don Pedro agregó:
—Y jipiao.